Sara Baltodano Arróliga
El “guardián del río”
disipa la “neblina silenciosa”
Imaginación
productiva y ética del cuidado desde la hermenéutica ecofeminista
El acompañamiento pastoral, en su más elevada concepción, constituye un acto de comunicación que trasciende la mera palabra para sintonizar con el lenguaje de los sentimientos y emociones, que a menudo se desvela en metáforas, imágenes y rituales. Este universo simbólico, personal y colectivo, opera como el mapa fundamental de la experiencia humana, delineando la percepción de la realidad, la identidad y la fe.
Si quienes acompañan pastoralmente se restringen a un plano meramente discursivo, centrado en los hechos de una vivencia sin explorar sus dimensiones subyacentes, corren el riesgo de ser superficiales. Ignorar, por tanto, la rica topografía del símbolo conlleva a que el acompañamiento pierda claves esenciales para la comprensión de los conflictos, los anhelos y las esperanzas más profundas. En contraposición, los enfoques que reconocen, validan e interactúan activamente con los universos simbólicos de personas y comunidades, se erigen como mediaciones potentes no sólo para la sanación, sino también para el crecimiento y el llamado a la praxis transformadora.
Este artículo desarrolla un ejercicio hermenéutico a partir de un estudio de caso con el objetivo principal de convertirse en una herramienta pedagógica para los diversos cursos de Teología Práctica. Basamos nuestras reflexiones a partir del caso de un adolescente de la etnia Ngäbe desde tres marcos conceptuales: Enfoque narrativo, Hermenéutica de la Teología Ecofeminista y “La imaginación en el discurso y en la acción” de Paul Ricoeur. Examinamos cómo las metáforas se convierten en vías privilegiadas para el acompañamiento pastoral, que respeta las singularidades de los universos simbólicos de las personas, las cosmovisiones y la sabiduría de las comunidades. Tomamos en consideración ejes transversales y las perspectivas interseccionales de género, edad, cultura y etnia desde el contexto latinoamericano y caribeño.
Palabras clave: acompañamiento, universos simbólicos, metáforas, imaginación, praxis transformadora.
Sara Baltodano Arróliga
The “guardian of the river” dispels the “silent fog”
Productive imagination and ethics of care from ecofeminist hermeneutics
Pastoral
accompaniment, in its highest conception, constitutes an act of communication
that transcends mere words to tune into the language of feelings and emotions,
which is often unveiled through metaphors, images, and rituals. This symbolic
universe, both personal and collective, operates as the fundamental map of
human experience, delineating the perception of reality, identity, and faith.
If
pastoral caregivers restrict themselves to a merely discursive plane, focusing
on the facts of an experience without exploring its underlying dimensions, they
run the risk of being superficial. Ignoring the rich topography of the symbol,
therefore, causes the accompaniment to lose essential keys for the
comprehension of deeper conflicts, longings, and hopes. In contrast, approaches
that recognize, validate, and actively interact with the symbolic universes of
individuals and communities are established as powerful mediations not only for
healing but also for growth and the call to transformative praxis.
This
article develops a hermeneutical exercise based on a case study, with the main
objective of becoming a pedagogical tool for various Practical Theology
courses. We base our reflections on the case of an adolescent from the Ngäbe ethnic group through three conceptual frameworks:
Narrative Approach, Ecofeminist Liberation Theology Hermeneutics, and Paul Ricoeur’s “The Imagination in Discourse and Action.” We
examine how metaphors become privileged pathways for pastoral accompaniment
that respects the singularities of people’s symbolic universes, worldviews, and
the wisdom of communities. We consider cross-cutting axes and intersectional
perspectives of gender, age, culture, and ethnicity within the Latin American
and Caribbean context.
Keywords: accompaniment, symbolic universes, metaphors,
imagination, transformative praxis.
Sara Baltodano
Arróliga
El “guardián del río” disipa la “neblina silenciosa”
Imaginación
productiva y ética del cuidado desde la hermenéutica ecofeminista
El acompañamiento pastoral es un estudio y un arte que busca tender puentes entre la sociedad, la fe, la espiritualidad, la naturaleza y las complejidades de la responsabilidad social. En este delicado equilibrio, el lenguaje simbólico no es meramente una mediación auxiliar, sino un componente central y catalizador del proceso de sanación y crecimiento. A diferencia del lenguaje literal, que se enfoca en la descripción objetiva de la realidad, el lenguaje simbólico, compuesto por mitos, rituales y metáforas abre una puerta a la experiencia interior, que a menudo es inefable e irracional. Su valor radica en su capacidad para articular lo que cuesta decir en palabras, dando forma a las emociones, los conflictos y las esperanzas más profundas de las personas y las comunidades.
El ámbito del acompañamiento pastoral, en sus dimensiones tanto psicológica como teológico-pastoral, con frecuencia es abordado a través de paradigmas eurocéntricos que a menudo han demostrado ser insuficientemente sensibles a las particularidades culturales y socio-históricas de América Latina y el Caribe. Debido a ello es que ha estado emergiendo fuertemente un enfoque interdisciplinario e interseccional que reconoce que las experiencias humanas y la cultura no constituyen un espacio neutro, sino un territorio intrínsecamente forjado por la etnia, la fe, la edad, el género, la historia y las cosmovisiones ancestrales.
El acompañamiento pastoral es parte de
las disciplinas de la teología práctica. Toda conceptualización de teología
práctica, como la que resumiremos aquí, debe ser dinámica, abierta y siempre
reformándose para que no pierda su capacidad de responder científicamente a las
necesidades de formación académica y, sobre todo, a las realidades pastorales
actuales en el contexto de Abya Yala, continente plural y diverso. Para
lograrlo, hacemos entretejidos y entrecruces reconociendo las epistemologías de
los pueblos originarios afrodescendientes, validando y respetando las
sabidurías y los valores que transmiten.[1]
Respetamos las manifestaciones de Dios en
medio de las vivencias propias y actividades cotidianas de comunidades
originarias y afrodescendientes, interpelandonos
desde la fe cristiana por los relatos indígenas y viceversa, promoviendo de
esta forma otros tipos de conocimientos, los cuales van más allá de las
fronteras tradicionales de la teología cristiana como formas legítimas de saber
teológico. Así, la teología práctica como disciplina se convierte en una
pedagogía ecuménica.[2]
La Escuela de Ciencias Teológicas de la Universidad Bíblica Latinoamericana organizó una Consulta sobre Teología Práctica latinoamericana y caribeña, realizada virtualmente durante febrero, marzo y abril de 2021. El equipo organizador de la consulta elaboró la siguiente conceptualización de teología práctica, no como una definición cerrada, con el fin que sirviera de guía metodológica para alcanzar elaborar los temas centrales a trabajar durante las conferencias y las mesas de trabajo de la consulta:
La teología práctica es una disciplina teológica que se encarga de reflexionar sobre la praxis cristiana. Su objetivo es la construcción de conocimiento colectivo del Evangelio como fuerza liberadora y transformadora. Reflexiona de forma crítica, multidisciplinaria, contextual y en diálogo con las praxis de otras religiones, ciencias y sabidurías ancestrales. Se orienta a proteger toda la creación y se compromete activamente con la justicia, la equidad y la participación plena.[3]
Las pesquisas en la teología práctica latinoamericana y caribeña trascienden la mera delimitación geográfica y se erigen en ejercicios reflexivos permanentes sobre el horizonte de sentido. La comprensión de la acción divina a través de la Ruah se articula fundamentalmente a partir de la lectura de los signos de los tiempos inscritos en la diversidad y complejidad de nuestros contextos históricos. De este modo, la historia de las comunidades de fe no es concebida como escenario neutral de acontecimientos, sino como lugar teológico privilegiado.
Sobre la base de esta primacía del
contexto, se conceptualizan los marcos teóricos que proponemos y que deben
estar en diálogo intrínseco con las comunidades. Dicho trayecto se encuentra
permanentemente impulsado por una dimensión utópica que impulsa con fuerza y
moviliza la reflexión hacia la construcción de realidades alternativas aún
inexistentes. El quehacer de la Teología Práctica, por lo tanto, encuentra su
mayor potencial en la construcción de la praxis de la fe a partir de este
anclaje histórico, garantizando de este modo que la reflexión y la acción
teológica se validen en la transformación concreta de la realidad.[4]
Las reflexiones de este artículo se adscriben dentro de las ideas de los párrafos anteriores. El método que implementamos aquí proviene de la Circularidad Hermenéutica de la Teología Práctica latinoamericana, donde el orden procedimental se invierte respecto a los modelos teológicos de carácter deductivo.[5] Los estudios de caso en cursos de Teología Práctica son ejercicios circulares de praxis que, partiendo de realidades concretas las ilumina con las teorías teológicas con el fin de transformarlas y, a su vez, generan nuevas teorías de acción desde esas mismas transformaciones.
Debido eso, este estudio no comienza con la exposición de marcos conceptuales para luego ilustrarlos mediante ejemplos. No. En su lugar, nos ceñimos al imperativo de partir de la vida concreta, de los dolores encarnados y las realidades situadas que constituyen puntos de partida y fuente primaria de la verdad teológico-pastoral. Dicha aproximación establece que la experiencia de José, un adolescente y el acompañamiento de la pastora doña Marta, ambos de la etnia Nägbe, se constituye en el acto primero de la reflexión teológico-pastoral que desarrollamos.
José, un adolescente de 16 años de la etnia Nägbe en Panamá, se siente triste, desmotivado, deprimido.[6] A través del acompañamiento pastoral de doña Marta, José
externaliza que siente como si lo rodeara una “neblina silenciosa”.
En el proceso de deconstrucción, José descubre que su depresión no es un dolor personal, sino que lo vincula con la metáfora de la “tristeza de la tierra” como el sufrimiento histórico y ambiental de su pueblo.
Esta metáfora facilita a José a
re-contextualizar su dolor. En lugar de ver la “neblina silenciosa” (depresión)
como un fracaso personal o desorden mental, termina relacionándola como parte
de una tristeza colectiva más grande, lo cual lo lleva a reescribir una nueva
narrativa de su identidad como “guardián del río”. [7]
Ilustración 1
“Neblina silenciosa”. Percepción de José sobre la situación que atraviesa
Fuente: Imagen elaborada con IA y descargada de la plataforma Freepik.
Iniciar con el resumen de las experiencias de José nos permite la práctica efectiva de la hermenéutica de la sospecha desde la etapa inicial. La depresión, a la que José le pone el nombra de “neblina silenciosa”, no debe considerarse como un mero síntoma clínico, sino como un clamor profético no expresado que interpela directamente a las teorías que se basan en el método científico positivista y deductivo.
De ahí que la experiencia de José es un llamado que nos interpela y nos obliga a cuestionar la validez de cualquier marco conceptual que no logre explicar o abordar la problemática que él encarna. Si una teoría sobre la espiritualidad o el malestar individual aísla a José dentro de su propia culpa, tendríamos que desautorizarla inmediatamente. Insistimos, solo después de sumergirnos en la narrativa de José legitimamos la convocatoria de los marcos de interpretación como mediaciones.
La premisa central sobre la que descansa
nuestra reflexión que el lenguaje verbal, con su estructura lineal, a menudo es
insuficiente cuando las personas intentan articular sus conflictos más
profundos. Un trauma, un duelo no resuelto o una crisis de identidad, pocas
veces se expresan completamente con palabras. Las experiencias complejas suelen
articularse mejor a través de metáforas, sueños e imágenes. El lenguaje
simbólico evita cualquier tipo de reduccionismo, pues su capacidad polisémica y
habilidad para trascender la lógica del discurso le permite contener y expresar
mejor las complejidades emocionales de la experiencia de José. A diferencia del
lenguaje literal que, como ya dijimos, busca la precisión objetiva, el lenguaje
simbólico es evocador, operando en las dimensiones de la imaginación y el
sentimiento. El lenguaje simbólico no se limita a representar una realidad,
sino sobre todo la encarna y la hace tangible a nivel emocional y espiritual.[8]
El acompañamiento pastoral a José se nutre de aportes de diversas vertientes filosóficas, terapéuticas y teológicas. Aquí articulamos tres mediaciones: un enfoque narrativo, la hermenéutica ecofeminista de liberación y la teoría general de la imaginación de Paul Ricoeur. La conjunción de estas propuestas adquiere particular relevancia en contextos de opresión propios de América Latina y el Caribe.
Estos marcos de interpretación no son verdades a priori a ser impuestas, sino herramientas convocadas por la realidad de José y su comunidad para deconstruir la problemática. Al partir de la experiencia encarnada de José, como acto primero, nos aseguramos que posea responsabilidad ética, dado que su validez emana de la capacidad de los marcos hermenéuticos para proponer y transformar la vida concreta y restaurar la armonía del cuerpo-territorio de José y de su comunidad.
Para estructurar el diálogo pastoral,[9] adoptamos un enfoque narrativo que se sustenta en la estructura de la Terapia Narrativa. Este modelo terapéutico no se utiliza como un protocolo clínico, evitando así la necesidad de una validación clínica rigurosa, sino como una filosofía para la construcción de sentido que permite a la pastora doña Marta utilizar las preguntas mayéuticas para externalizar el problema y guiar a José hacia la co-construcción de nuevas narrativas de su historia personal y de su comunidad. Este enfoque es crucial para movilizar la imaginación productiva (Paul Ricoeur) y la crítica a la opresión (Hermenéutica de Liberación), que desarrollamos más adelante.
Reiteramos que las siguientes fases no buscan replicar un protocolo clínico, sino utilizar la estructura de la narrativa para enmarcar la metáfora como el vehículo privilegiado de la verdad de José. Como mencionamos anteriormente, este proceso permite trazar un camino desde la metáfora opresiva (la “neblina silenciosa”) hasta la metáfora liberadora (el “guardián del río”). De esta forma vemos cómo las personas y las comunidades utilizan sus propios símbolos y metáforas para dar sentido a sus vidas, en los procesos de externalización, deconstrucción, búsqueda de valores y co-construcción de nuevas narrativas de historias personales y colectivas.
La Terapia Narrativa propuesta por Michael White y David Epston,[10] de la cual recibimos inspiración para el enfoque narrativo que aquí presentamos, es una especie de viaje de autodescubrimiento y empoderamiento que invita a José a convertirse en el autor de su propia historia y a encontrar significado y esperanza en su vida. Una de las características distintivas de dicho enfoque es el énfasis en despatologizar y no culpar a José de los problemas. En lugar de etiquetarlo según un diagnóstico o síntoma, este enfoque se centra en separar a José de sus problemas, permitiéndole examinar críticamente las influencias culturales y sociales que moldean su joven vida.
La conversación mayéutica es esencial en un acompañamiento pastoral no-directivo, convirtiéndose en un método de diálogo socrático para ayudar a la persona a “dar a luz” a sus propias verdades y la presencia transformadora de Dios que ya reside en su interior. En lugar de ofrecer respuestas o dar sermones, la mayéutica transforma el diálogo en un proceso de descubrimiento guiado por preguntas circulares, abiertas y éticamente responsables, priorizando la cosmovisión Ngäbe y la conexión ecológica, y, por supuesto, evitando el lenguaje clínico.
Creemos que es fundamental señalar que, aunque el acompañamiento utilice metáforas, imágenes y rituales como apoyo, el ritmo y la profundidad del diálogo son establecidos primariamente por José. Doña Marta, como acompañante con enfoque narrativo, intenta comprender el mundo simbólico de José haciendo preguntas desde una perspectiva del no saber. En cierta forma, esto garantiza que el camino hacia la sanación y praxis transformadora de José emane de su propia voz y de su propia cosmovisión.
Hemos de aclarar que las preguntas presentadas en los siguientes esquemas funcionan exclusivamente como ejemplos ilustrativos, no como un protocolo de interrogatorio cerrado. Estas preguntas sirven como referentes heurísticos para doña Marta, indicándole una posible dirección hermenéutica a seguir, pero que no agotan la conversación. Doña Marta debe mantenerse firmemente anclada en la ética del cuidado, lo que implica que la generación de nuevas preguntas en el diálogo sea un acto dinámico y orgánico que emerge directamente de las respuestas y del ritmo de José. Por lo tanto, doña Marta tiene la responsabilidad de priorizar la escucha atenta y permitir que la voz de José guíe la profundidad, el enfoque y la secuencia del diálogo, garantizando así que la creación de nuevas narrativas propias.
El enfoque narrativo tiene premisas que se podría organizar en ciertas secuencias que usaremos con fines pedagógicos en los esquemas a seguir: Identificar el relato dominante, externalizar el problema, explorar aspectos de valor para José, descubrir las implicaciones de los eventos extraordinarios.[11]
La externalización es el uso simbólico más importante en el enfoque narrativo que busca identificar el relato dominante. El problema se separa del individuo y pasa a ser una entidad con nombre y vida propia para que José lo vea como una entidad externa con la que puede interactuar. Por ejemplo, se busca que José pase de decir “soy una persona deprimida” a “la depresión me asfixia”, transformando la visión del problema y desarrollando un rol activo en su recuperación y reescritura de su historia. En el contexto latinoamericano, este procedimiento es crucial para desvincular el dolor de la culpa individual y conectarlo como consecuencia de los pecados de las estructuras sociales.
El objetivo principal es separar a José del problema, dándole un nombre y una identidad al relato dominante -“neblina silenciosa”- y así comenzar a interactuar con ella.
Cuadro 1
Separar a José del problema
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Diálogo
y preguntas ilustrativas |
Resultados
y nuevo significado |
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Durante los diálogos pastorales, José logra nombrar su depresión como una “neblina silenciosa” que siente que lo asfixia. Doña Marta parte de la premisa que José no es el problema, el problema es la “neblina silenciosa”.
Fuente: Imagen descargada de
la plataforma Pexels. |
Siente que la “neblina silenciosa” aparece con fuerza cuando llegan a comprar los frutos de la tierra y su familia se queja que cada vez les pagan menos. José comienza a reconocer que él no es la neblina, sino que él es el observador. |
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Usando una imagen de la metáfora externalizada por José, proponemos algunas preguntas ilustrativas para el diálogo. -
¿Hace cuántos días o meses sientes que te rodea la neblina? -
¿En qué momentos la neblina te rodea con más intensidad? -
Si pudieras dibujar o describir la “neblina silenciosa”, ¿qué
aspecto tendría cuando está más densa y fuerte? -
¿Cómo reacciona tu cuerpo cuando la neblina te rodea? -
José, si la “neblina silenciosa” pudiera hablar, ¿qué crees que
te diría? -
José, si esta neblina no sos vos, sino una fuerza externa, ¿en
qué momento de tu vida empezaste a notarla? - ¿Te gustaría decirle a
la neblina que se vaya y que no quieres que regrese más? |
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Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Cuadro con ilustración de diálogo y preguntas ilustrativas vs. Resultados y nuevo significado.
El arte del acompañamiento pastoral reside en la validación del lenguaje simbólico de José en la fase de externalización. Es necesario que doña Marta funcione como una especie de espejo, no como creadora de símbolos, sino partiendo de la metáfora de la “neblina silenciosa” que José expresa. Esta perspectiva no es solo metodológica, sino fundamentalmente ética. El imponer metáforas propias, por ejemplo, sugiriendo un símbolo que no resuena con la cosmovisión o la experiencia de José, constituye una forma sutil de violencia epistémica y anula sus capacidades para re-escribir su propia narrativa. Al honrar y reflejar las imágenes que ya existen en el universo simbólico de José, se respeta la autonomía y se facilita un proceso de sanación que es auténtico y, por ende, verdaderamente transformador.
Una vez que el problema se externalizó y se le dio un nombre, el enfoque narrativo invita a la deconstrucción de la “historia del problema”. Como herramienta metodológica, opera mediante una lectura minuciosa y crítica de una narrativa cultural, en el caso de José, buscando exponer las jerarquías tácitas y los presupuestos ideológicos que se presentan como naturales o universales. A través de la hermenéutica de la sospecha, la deconstrucción busca revelar las huellas del poder y la violencia que permanecen ocultas en las narrativas, preparando así el terreno para la reconstrucción o la liberación de nuevas narrativas.
Aquí, ambos, doña Marta y José, examinan la metáfora de la “neblina silenciosa” y los símbolos que la mantienen en el poder. En América Latina y el Caribe, estas metáforas a menudo reflejan cosmovisiones y experiencias culturales específicas.
Anteriormente enfatizamos que no debemos imponer metáforas en la externalización. Sin embargo, en la deconstrucción podríamos cuidadosamente sugerir una metáfora que surja de la experiencia José, que sea de su mundo simbólico y que conecte con la “neblina silenciosa”. En la deconstrucción, al sugerir la “tristeza de la tierra” con el propósito de ayudar a José a nombrarla y a darle peso, no significa imponerla, sino presentar una posibilidad de sentido que José puede tomarla o rechazarla. Este momento de apertura suele ocurrir cuando la persona está deconstruyendo su narrativa opresiva pero aún no ha articulado plenamente su nueva identidad o su camino de acción.
El objetivo principal es desvelar o desenmascarar el origen cultural, social o histórico de la “neblina silenciosa”.
Cuadro 2
Desvelar el origen cultural, social o histórico de la “neblina silenciosa”
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Diálogo
y preguntas ilustrativas |
Resultados
y nuevo significado |
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Se explora la hipótesis de conexión de depresión de José con la metáfora de la “tristeza de la tierra” (concepto ancestral de desequilibrio cósmico). Proponemos algunas preguntas ilustrativas: - ¿Será posible que la neblina te
oculta algo que ella no quiere que veás ni escuchés? - ¿En qué pensás cuando sentís que la neblina te asfixia? ¿Qué te
recuerda? - ¿Qué pasarías si la naturaleza, la tierra toda, te hablara y te
dijera que está triste? - ¿Alguno de tus amigos también se siente deprimido? |
José comienza a creer que la neblina es como una intrusa que busca ocultar cosas. Se pregunta que tal vez la “neblina silenciosa” intenta ocultar los valores de su cultura Ngäbe, tales como la curiosidad, el respeto, la conexión con sus ancestros y la de cuidar la naturaleza. José descubre que su dolor personal podría estar vinculado a la memoria histórica y al sufrimiento ambiental. Cree darse cuenta que su tristeza podría ser, en parte, una respuesta empática al sufrimiento de su tierra y su pueblo. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Cuadro de diálogo y preguntas ilustrativas vs. Resultados y nuevo significado.
En este proceso no se trata de crear una serie de fantástica de resultados mágicos, sino de encontrar resultados únicos, es decir, momentos en la vida concreta de José donde la neblina desaparecía. En el contexto latinoamericano, estos momentos a menudo se encuentran en las historias de resistencia, la sabiduría ancestral, y las narrativas de la comunidad.
El objetivo principal es encontrar momentos, habilidades o valores en la vida de José y su comunidad donde la “neblina silenciosa” perdió poder.
Cuadro 3
Momentos en la vida y la comunidad
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Diálogo
y preguntas ilustrativas |
Resultados
y nuevo significado |
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Sugerimos
algunas preguntas ilustrativas: - José, ¿alguna vez te sentiste más fuerte que la neblina? ¿En qué
momentos? - Si esa tristeza que sientes es la “neblina silenciosa”, ¿qué te
dice el río cuando estás cerca de él? - ¿Cuéntame alguna forma que tu abuela Ngäbe te enseñó a honrar la
tierra y los ríos? - ¿Qué habilidades tienes que la neblina no te puede arrebatar? |
José, usando otra de sus metáforas, recuerda que cuando está triste y desmotivado, se va solo al río y escucha la “voz del río”. Dice que eso le da fuerza (su resiliencia). También recuerda que la neblina se despejó cuando estaba ayudando a su padre y a la comunidad a sembrar maíz. José empieza a relacionar que la “voz del río” se podría convertir en su mayor fortaleza cuando la neblina aparezca otra vez. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Cuadro de diálogo y preguntas ilustrativas vs. Resultados y nuevo significado.
Antes de pasar a la co-construcción de nuevas narrativas, doña Marta le recomienda a José hacer un ritual para dar ese paso acompañado por una o dos personas de su mayor confianza. Consiste en escribir en un papel “neblina silenciosa”, doblarlo en forma de barquito y lanzarla al río para que, de forma simbólica, la “voz del río” arrastre y disipe la “neblina silenciosa”. Este es un ritual sencillo para “dejar ir” la depresión y que la “neblina silenciosa” pierda todo poder sobre José. Esto puede ayudarlo a cerrar un capítulo, a celebrar los logros e hitos importantes, y a comprometerse con nuevas formas de ser y actuar en el futuro.
Una vez que José, con la ayuda de la “voz del río”, identifica resultados únicos, que son precisamente los momentos, acciones o valores que disipan la “neblina silenciosa”, entonces ya se puede iniciar con el proceso de co-construcción o re-escritura de nuevas narrativas. Si durante ese proceso a José todavía se le dificulta articular la nueva narrativa, se le puede sugerir que busque una metáfora que cristalice su nueva identidad o acción.
Aquí hay que tener muy presente, que la construcción de nuevas narrativas no es solamente un proceso que se realiza de forma individual. En muchas culturas de nuestros pueblos originarios, la identidad está intrínsecamente ligada a la comunidad. Por esa razón es importante tener claro que el enfoque narrativo puede también incluir la narración colectiva, donde la historia de José se re-escribe en presencia de su familia o comunidad, fortaleciendo de esta forma los lazos y creando una narrativa compartida que se celebra en un ritual simbólico. Creemos que José no se libera de la “neblina silenciosa” él solito, sino que también es liberado por su pueblo.
El objetivo principal es que José re-escriba una nueva narrativa de su identidad empoderada y significativa.
Cuadro 4
Re-escribir una nueva narrativa de identidad empoderada y significativa
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Diálogo
y preguntas ilustrativas |
Resultados
y nuevo significado |
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La tristeza se resignifica: ya no es una debilidad, sino una sensibilidad profunda que lo conecta con la tierra: la “tristeza de la tierra”. Se le apoya en su búsqueda de una nueva narrativa de identidad con preguntas ilustrativas como estas: ¿José, qué te imaginás que te dice la “voz del río”? ¿Quiénes más del grupo de tus amigos necesitan escuchar la “voz del río” en este momento? José, primero imaginémonos y luego ensayemos juntos varias formas de actuar como “guardián del río”. José, dentro de un año, ¿qué historia imaginas que contarás sobre la primera vez que el “guardián del río” disipó completamente a la “neblina silenciosa”? ¿Qué habrás logrado para ese entonces? |
José trata de reescribir su historia, pasando de ser “asfixiado por la neblina” a “guardián del río”, como su nueva identidad. José articula que el río le está diciendo que lo cuide y termina con la nueva narrativa de “guardián del río”, lo que ayuda a José a nombrar su utopía personal. Esta metáfora es un puente entre el valor que ya existe en José y la acción futura que desea proyectar. Su nueva narrativa se centra en aprender a participar en la acción comunitaria del cuidado de su medio ambiente y en la recuperación de la sabiduría ancestral. José se propone dar los primeros pasos comenzando con jornadas cortas de limpieza del río (una hora por mes) invitando a participar a un grupo de amigos. Después de la limpieza, dice, jugarán futbol y se bañarán en el río. Para su nueva identidad José asume para sí el verbo ngubuore (cuidar) que subraya la profunda relación entre identidad y praxis. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Cuadro de diálogo y preguntas ilustrativas vs. Resultados y nuevo significado.
El enfoque narrativo no sólo usa símbolos para externalizar problemas, sino que se enriquece al reconocer la profundidad de las cosmovisiones y los símbolos culturales. Al hacerlo, se convierte en una herramienta de sanación que no únicamente libera a José, sino que también honra y fortalece las narrativas ricas y resilientes de las comunidades latinoamericanas y caribeñas.
La “tristeza de la tierra” es una metáfora profundamente arraigada en la cosmovisión de los pueblos originarios de América Latina y el Caribe. Como ya lo comentamos anteriormente, en el caso de José, no se trata de una depresión clínica individual, sino de un dolor colectivo, ancestral y espiritual que surge de la opresión, la explotación y la desconexión con la naturaleza. Simboliza el dolor que sienten los pueblos, los animales y la naturaleza en su conjunto debido a la ruptura del equilibrio cósmico.
Esta metáfora encapsula el trauma histórico de la colonialidad. Es un dolor que se siente en el cuerpo, afirman las teólogas feministas, en la memoria colectiva y en el espíritu. Es un sufrimiento que resulta de perder la conexión sagrada con la tierra, considerada una entidad viva y una madre, la “Pacha Mama”, reafirman las culturas ancestrales.
La destrucción del medio ambiente, la tala indiscriminada de árboles y la contaminación no son únicamente problemas ecológicos, sino heridas al alma que se interrelacionan con injusticias sociales, opresión y desigualdad económica que se perciben como un desorden que afecta a todo el cosmos. El hambre, la pobreza y la explotación son manifestaciones de esta tristeza que emana de la tierra misma.
A partir de eso, consideramos que las metáforas de José, la “neblina silenciosa” y el “guardián del río” y la que sugerimos respetuosamente sobre la “tristeza de la tierra”, además de liberarlo fomentan paulatinamente una conexión más estrecha con su comunidad.
Mientras José se encamina hacia la adultez, lo acompaña el verbo ngubuore (cuidar) que él lo adoptó como su nueva identidad, que lo empodera en su crecimiento de participación en las acciones de guardián y defensor de la creación junto con su pueblo.
Hemos visto el enfoque narrativo como el
primer marco de interpretación de las experiencias de José. El segundo marco
que deseamos destacar ahora viene de la Teología Ecofeminista latinoamericana y
caribeña.[12]
La conexión entre los pilares de la ecoteología y el caso de José no es casual. De hecho, el enfoque narrativo, en contextos de Abya Yala, opera como una praxis ecoteológica que utiliza las metáforas locales para descolonizar el dolor y el sufrimiento. Recordamos aquí el concepto teológico latinoamericano de que los problemas no son necesariamente personales, sino que están arraigados en narrativas históricas y colectivas de opresión, colonialidad, desigualdad que se consideran pecados estructurales.
El proceso sanador de José en su adolescencia, es un ejemplo paradigmático de la hermenéutica ecoteológica, la cual transforma el diagnóstico individual en un acto comunitario de justicia y liberación cósmica. El acompañamiento reconfigura el sentido de su depresión mediante la creación de metáforas que reintegran a José a su comunidad y a su territorio.
Estamos completamente conscientes que el fomento del pensamiento crítico demanda la constante revisión y fundamentación de las estructuras de conocimiento y creencias. La epistemología teológico-feminista emerge como alternativa rigurosa al positivismo tradicional, reconociendo que la construcción del conocimiento es inherentemente situada, subjetiva, experiencial, corporal y relacional. Este enfoque busca generar un conocimiento más justo, inclusivo y transformador, postulando que la objetividad absoluta es una ilusión en la interpretación teológica y social.
No olvidemos las narrativas de resistencia y resiliencia en América Latina y el Caribe que no son historias del pasado, sino fuerzas vivas que definen la identidad, la espiritualidad y la lucha de las comunidades hasta el día de hoy. Estos relatos, a menudo transmitidos de forma oral a través de generaciones, son la evidencia de la capacidad de los pueblos para sobrevivir, resistir y florecer ante la opresión, la violencia y el despojo.
A diferencia de los modelos teológicos tradicionales, la ecoteología se inspira en los principios de la teología de la liberación y las teologías feministas. Las teólogas latinoamericanas y caribeñas han emprendido una relectura crítica de los símbolos sagrados, cuestionando la visión androcéntrica y eurocéntrica presente en las narrativas bíblicas. En este marco, por ejemplo, la figura de la sanadora, concebida como aquella que alimenta y protege con ternura, adquiere una relevancia equivalente a la del pastor-líder. Los ritos, en particular aquellos que manifiestan sincretismo religioso, no son interpretados como expresiones heréticas, sino como formas legítimas y poderosas de la religiosidad popular que otorgan sentido y propician la sanación.
La Hermenéutica Feminista de Liberación es una corriente bíblico-teológica que utiliza la perspectiva de género y la perspectiva de liberación en la interpretación de textos, especialmente en aquellos textos que han sido tradicionalmente interpretados por voces masculinas, como ocurre con los textos religiosos. Esta corriente busca no solo comprender los textos desde una perspectiva de género, sino también utilizar esa comprensión para desafiar las estructuras de poder patriarcal y promover la liberación de las mujeres y de la colonialidad del conocimiento.
Sumado a lo anterior, la hermenéutica feminista también se contextualiza a sucesos o realidades sociales mediante una reinterpretación crítica que busca visibilizar las experiencias y perspectivas de las mujeres y etnias, así como cuestionar las narrativas dominantes que a menudo las han silenciado o subvalorado. El caso de José ilustra un proceso de liberación integral donde la praxis ecoteológica armoniza con el enfoque narrativo, validando las experiencias de dolor como una respuesta profética al deterioro del mundo.
Desglosemos tres aspectos importantes:
Como pilar metodológico, la teología ecofeminista acude a la hermenéutica de la sospecha en todas las narrativas (bíblica, filosófica o científica) que promueven el control, el dominio o la jerarquización de la vida como un mandato de explotación, deconstruyéndolas y releyéndolas como un llamado al servicio y a la custodia.[13]
Jocabed Reina Solano Miseli ha reflexionado con bastante profundidad este tema. Una de esas reflexiones que vale la pena tomar en cuanta es la siguiente, donde plantea algunas afirmaciones relacionadas con la esperanza en contra del epistemicidio:
El “epistemicidio” trata de la destrucción de saberes propios de un pueblo. De la liquidación de algunas formas de apre(he)nder, crear y transmitir conocimientos comunitarios, ancestrales o los propios de ciertas culturas de naturaleza genuina especialmente tras el nacimiento y uso del método científico como el único validador por parte de las clases dominantes.
La teología ecofeminista constituye un giro
hermenéutico y una ruptura de naturaleza descolonial
con las estructuras de dominación epistémica, con el objetivo de reinterpretar
la revelación y la tradición al desarticular el antropocentrismo inherente a la
teología clásica occidental. Implica una crítica y una deconstrucción activa de
los supuestos filosóficos y teológicos de matriz eurocéntrica y patriarcal que
subyacen en el conocimiento canónico y hegemónico.[14]
Como se puede apreciar en este aporte de Solano Miseli, lo que plantea es que de esta forma se recuperan los saberes ancestrales, postulando la valorización y reincorporación de los conocimientos encarnados y situados, las prácticas y las contribuciones epistemológicas de la sabiduría de las culturas originarias y afrodescendientes, reconociéndolos como fuentes legítimas de verdad.
En todo caso, vale es muy importante reconocer que la teología ecofeminista ha evidenciado claramente la relación sistémica entre la subordinación de los grupos originarios y la sobreexplotación del medio ambiente como la profanación de cuerpos-territorios. Este enfoque se fundamenta en la sabiduría de los pueblos originarios de Abya Yala, quienes conciben la realidad a partir de una profunda interconexión biocósmica.
Cuadro 5
La “neblina silenciosa” como manifestación de colonialidad
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El sentimiento de depresión en José es la manifestación de una ideología de la opresión que busca ser internalizada en él. De ahí que el pecado estructural se contraponga al “fracaso personal”. El problema no es un desorden mental o apatía de José, sino la “neblina silenciosa” que contamina tanto el alma como el río de su pueblo que promueve el control, el dominio y la jerarquización de la vida. Podemos decir que la neblina representa la violencia simbólica (colonialismo, racismo, machismo) que ataca el cuerpo-territorio de José, intentando silenciar la “voz del río” y el conocimiento ancestral. Al externalizarla, José deja de ser “el enfermo” para convertirse en el sujeto atacado por una fuerza externa. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Resumen temático reflexivo.
El proceso de deconstrucción del enfoque narrativo se alinea con la hermenéutica ecoteológica, que concibe a la tierra como un sujeto teológico viviente. La manifestación de lo sagrado no se restringe a los textos canónicos, sino que se encuentra en los procesos vitales, los ciclos naturales y los elementos geográficos (ríos, montañas, semillas). Esto implica una revaloración del cuerpo y del territorio como lugares teológicos primarios.
Se establece una conexión analítica entre la opresión social y la degradación ambiental. Para alcanzar una sociedad equitativa, el ecofeminismo aboga por un modelo redistributivo, ecológico y sostenible. Cuestiona las relaciones de poder y dominación inherentes al sistema patriarcal y capitalista que promueven una cultura de extractivismo. Defiende la ética del cuidado, la justicia y la igualdad, proponiendo la imaginación de nuevos horizontes de convivencia basados en el respeto mutuo hacia la naturaleza y entre los seres humanos.
Jocabed Solano, indica que, desde la perspectiva de su pueblo Guna Dule, la tierra es nuestra madre y todos los seres vivos somos parte de una familia cósmica. También destaca cómo nuestros actos afectan al planeta y la necesidad urgente de justicia climática, llamando a unirnos en oración y acción para proteger nuestro hogar común. “Mi esperanza personal, dice, se basa en el reconocimiento de que el Creador ama a su creación y que, en el movimiento de su resurrección, está movilizando a muchas personas que, a través de sus luchas y resistencias, proponen narrativas alternativas a la destrucción de la tierra”.[15] Esta esperanza se manifiesta en acciones concretas que generan vida. Reconocer que el mal no prevalecerá (Salmo 1:6) debe impulsarnos a seguir alzando la voz y a proclamar las buenas nuevas de Jesús, quien anhela la renovación total de la creación.
Al vincular el dolor de José a la contaminación del río o que la abuela ha dejado de hablar con las plantas, él abandona la narrativa de ser un joven fallido para verse como un componente sensible de un ecosistema sufriente. Su cuerpo se convierte en el lugar donde la opresión ecológica y social de su comunidad Ngäbe se hace explícita y se revela teológicamente. Su tristeza es, por tanto, una respuesta profética al desequilibrio cósmico.
Entre otras cuestiones epistemológicas, el concepto de relacionalidad y crítica al dualismo recorren toda la obra de Ivone Gebara.[16] Su pensamiento coloca la noción de la relacionalidad sistémica como principio rector de la teología y la ética. Esta conceptualización deconstruye directamente los dualismos tales como la distinción jerárquica entre lo humano-no humano, naturaleza-cultura y el yo-otro. De hecho, la producción teológica de Gebara se caracteriza por un estilo poética creacional que busca gestar lazos de interdependencia y otorgar rostro y voz a todas las personas marginalizadas, incluyendo a los elementos del ecosistema.
Cuadro 6
La “tristeza de la tierra” como el locus theologicus
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Al recontextualizar su dolor como la “tristeza de la tierra” y al escuchar la “voz del río”, José abandona el antropocentrismo. Su sufrimiento se convierte en una conexión profunda con la Pacha Mama que sufre por la contaminación. Esta es una revelación inmanente, su dolor es la forma en que lo divino y el territorio se comunican con él. De esta forma se descoloniza el sufrimiento al proveerle a José un marco para que valide este dolor. Su depresión no es una debilidad, sino una sensibilidad profunda que le permite percibir el trauma colectivo e histórico de su pueblo Ngäbe, la pérdida de tierras, la marginación cultural. De esta forma el dolor de José se convierte en un lenguaje profético. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Resumen temático reflexivo.
En el proceso de José se deconstruye la ruptura del vínculo relacional consigo mismo, con su comunidad y con la tierra. La curación solo puede ocurrir mediante la restauración de las redes familiares y comunitarias. Su dolor se transforma en la “voz del río», la cual simboliza la memoria ancestral y la sabiduría de la interdependencia que ha resistido la colonización y el extractivismo.
Esta metáfora une la dimensión ecológica
con la justicia social, inherente a las ecoteologías
de liberación, y establece una meta escatológica alternativa al modelo
patriarcal. Los pilares de la hermenéutica de los vínculos y la hermenéutica
contextual guían la búsqueda de una nueva praxis, redefiniendo la identidad de
José hacia la interdependencia y el propósito comunitario. Nos salta a la
memoria la propuesta soteriológica de Ignacio Ellacuría que cambia la
perspectiva al introducir el concepto de que la liberación de José ha de
entenderse no como un evento individual, sino como parte de la salvación
histórica integral, puesto que la redención es un proceso comunitario que exige
la superación de las estructuras de opresión.[17]
La salvación no es individual porque el pecado es estructural, afirma
Ellacuría. El pueblo crucificado tiene una doble vertiente, agrega. Es la
víctima de los pecados del mundo y es también el que aportará la salvación al
mundo. No hay salvación por el mero hecho de la crucifixión y de la muerte,
“...solamente un pueblo que vive, porque ha resucitado de la muerte que se le
ha infligido, es el que puede salvar al mundo”.[18]
El rol de “guardián del río” es una
vocación de cuidado de la creación. Este rol se opone directamente al
individualismo y a la pasividad. José, como guardián, es un actor que defiende
el río porque el río, a su vez, lo sostiene. Es el Ayni
(reciprocidad) puesto en acción, donde la sanación personal es inseparable de
la sanación ecológica y comunitaria. Isabel Casilla Suclli
analiza la práctica cultural del ayni en el contexto
andino con el fin de establecer semejanzas con los valores del reino de Dios en
prácticas cristianas andinas, que se conocen tradicionalmente como reciprocidad
y solidaridad.[19]
La nueva narrativa de la identidad de José como el “guardián del río” es un paso hacia la construcción del buen vivir (Sumak Kawsay). Esta nueva vocación es la antítesis del individualismo capitalista. La identidad de guardián no busca la riqueza personal, sino la armonía y la sostenibilidad de la vida comunitaria, tanto humana como no-humana. Es una praxis de liberación que rechaza la dominación y abraza la reciprocidad (Ayni).
Las hermenéuticas feministas reconocen que las identidades son constructos interseccionales, es decir, multidimensionales y entrecruzados. Las experiencias y perspectivas están intrínsecamente influenciadas por la intersección de categorías como género, etnia, cultura, situación socio-económica, edad, sexualidad, entre otras, las cuales son elementos centrales de la reflexión teológico-pastoral.
Cuadro 7
El “guardián del río” como praxis liberadora
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¿Podríamos considerar la nueva identidad de José (“guardián del río”) como una proyección utópica que transforma la soteriología del joven José? La salvación de su pueblo y de José no es escapar del mundo dentro de la “neblina silenciosa”, sino quedarse, cuidar el río y unirse a su pueblo para restaurar la armonía de su territorio. La sensación de depresión es reemplazada por el propósito activo de proteger la vida, demostrando que la fe y la praxis de liberación van de la mano, buscando así una conexión profunda, no jerárquica, con la naturaleza, lo divino inmanente y la comunidad. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Resumen temático reflexivo.
Para el tercer marco de interpretación de las experiencias de José, hemos escogido el ensayo de Paul Ricoeur, “La imaginación en el discurso y en la acción”[20] que permite vincular la transformación con la crítica social.
En el subtítulo de este artículo utilizamos el concepto de imaginación productiva que ancla esta reflexión dentro del marco filosófico de Paul Ricoeur, llevando así el análisis más allá de una simple narrativa. La imaginación no es una evasión de la realidad, sino la función constitutiva que media entre la experiencia fragmentada y la acción ética.
La aplicación de este marco, vinculado con el enfoque narrativo en un contexto de liberación, como la Ecoteología Feminista, revela cómo la metáfora y la utopía se convierten en herramientas para desmantelar la ideología opresiva y configurar una nueva praxis de justicia.
La relación de la teoría de la metáfora de Ricoeur a la “tristeza de la tierra” es profundamente significativa en el contexto teológico, ecofeminista y de sanación, como en el caso de José. Ricoeur nos ayuda a entender por qué esta metáfora no es solo un recurso poético, sino una verdad transformadora que rompe con la forma tradicional de ver el mundo.
Veamos algunos aspectos de la teoría general de imaginación de Ricoeur, los cuales articulamos con los procesos de crecimiento de José hasta aquí revisados.
El primer ámbito de la imaginación productiva es postulado por Ricoeur al afirmar que cuando la imaginación critica lo real se produce la metáfora, un mecanismo de innovación semántico que quiebra la clasificación lingüística para generar nuevo sentido. En la hermenéutica feminista y la ecoteología, esta función se utiliza para subvertir las categorías patriarcales que mistifican la opresión.
- Desmantelación de la ideología: La externalización de la depresión de José, al nombrarlo como “neblina silenciosa”, es una praxis que resuena con la crítica a la imaginación reproductiva de Ricoeur. La ideología dominante, positivista y patriarcal, tiende a individualizar el sufrimiento como un “fallo químico” o “personal”. Esta es una imaginación reproductiva que legitima el status quo al ocultar las causas estructurales del dolor. Por lo contrario, al José externalizar su dolor, el enfoque narrativo dota a los síntomas de depresión de una forma independiente, rompiendo y separando la identidad de José con los síntomas. La neblina no es José, sino una fuerza invasora de la que se puede distanciar. Al usar un lenguaje metafórico, se le da a la “neblina silenciosa” un rostro, un contorno. Esta distancia, facilitada por la metáfora, es el primer avance para desmantelar la ideología de la culpa individualizada.
- Expansión referencial, la “tristeza de la tierra”. La metáfora se manifiesta plenamente al conectar la tristeza y depresión de José con la “tristeza de la tierra”, que Ricoeur llama la fuerza heurística de la imaginación que es la capacidad de abrirse a nuevas realidades.
- Innovación Semántica: La imaginación de atribuir tristeza a la tierra, invita a José a redescribir su cuerpo como territorio y su pena como un reflejo legítimo de la opresión sistémica y ambiental. Esta redescripción de la neblina, encuentra su manifestación en el hecho mismo de actuar de José.
- El dolor, que antes era íntimo y secreto, se convierte en un lenguaje de crítica que denuncia el extractivismo y el despojo cultural.
El segundo ámbito de la imaginación productiva, la utopía, es la facultad de proyectar un mundo radicalmente diferente, siendo la herramienta esencial de la hermenéutica de la acción.
El proyecto utopista es ser “guardián del río”. La búsqueda de resultados únicos en el enfoque narrativo se enlaza con la función utópica, donde la imaginación configura una nueva identidad orientada hacia la justicia.
- Utopía: La figura del “guardián del río” es un pequeño proyecto utópico. Esta nueva identidad no es solo una fantasía, sino un horizonte ético-existencial que demanda al adolescente José a actuar como si el río y la tierra merecieran ser defendidos. La imaginación previa a la acción de ser “guardián del río”, es un periodo que le permite ensayar las distintas maneras de ser guardián antes de pasar a la acción misma.
- Acción transformadora: No hay acción sin imaginación y ensayos previos. La construcción de nuevas narrativas se transforma en praxis de liberación. José, como guardián, pasa de la pasividad silenciosa a la acción política y cultural al proponer la defensa del río, del territorio Ngäbe y la recuperación de la abuela para volver a hablar con las plantas, un acto de justicia epistémica y ecológica. La imaginación, a través de la metáfora, ha mediado la transición del sufrimiento a la responsabilidad ética.
El caso de José ilustra cómo la imaginación, teorizada por Ricoeur, no es neutral, sino una fuerza dialéctica. Primero desenmascara la ideología que patologiza la depresión (“neblina silenciosa”), y luego prefigura la realidad de la liberación a través de la identidad narrativa utópica (“guardián del río”), anclando la sanación de José y su comunidad en la justicia ecoteológica.
La práctica pastoral intercultural demanda una rigurosa formación y una profunda sensibilidad ética con el fin de evitar y mitigar la imposición de significados. En este estudio hemos hecho énfasis sobre los peligros de sugerir metáforas y la individualización del sufrimiento durante el acompañamiento pastoral. Aquí deseamos enfatizarlos de nuevo porque creemos que son aspectos muy importantes en el diálogo pastoral.
Estos son puntos críticos en cualquier acompañamiento, especialmente cuando abordamos traumas y opresiones estructurales. El riesgo de iatrogenia, daño causado por quien acompaña el proceso, se magnifica cuando se trabaja con cosmovisiones de los pueblos originarios. La iatrogenia en el acompañamiento a José no es necesariamente un error de técnica, sino que podría ser un fracaso ético y epistémico que ocurre al no reconocer la dignidad y la validez de su universo simbólico Ngäbe.
Este riesgo surge si doña Marta, que es la pastora que acompaña a José, no respetara o ignorara las narrativas propias que él plantea. Esto ocurriría si doña Marta, al identificar un vacío de sentido en José, aun siendo de la misma etnia, pretende acelerar los procesos, imponiendo metáforas que sean ajenas a la cosmovisión Ngäbe que podrían no resonar en José, tales como ser un “luchador contra la oscuridad” (imposición bélica) o comportarse como un “verdadero siervo de Dios” (imposición dogmática).
Aquí se le produciría daño a José porque sería una manifestación de violencia epistémica y colonial. Doña Marta se convertiría en una figura que sustituye la opresión externa por una opresión pastoral, dictando y forzando el camino de la sanación. Esto anularía la capacidad de José de darle nombre a lo que siente y evitaría que él se nombre a sí mismo, profanando su cuerpo-territorio al imponerle un lenguaje y un rol que no le son propios.
En el siguiente cuadro esquematizamos los principios éticos, que consideramos se deben tener presentes antes de sugerir o no sugerir el uso de una metáfora durante los diálogos que se producen en el acompañamiento pastoral:
Cuadro 8
Riesgos de imposición de significados
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Principio
ético |
Descripción |
Evitar |
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Respetar la cosmovision de José |
La metáfora sugerida debe surgir del universo simbólico de José (cultura Ngäbe, río, plantas, tristeza de la tierra) y no de quien acompaña. Ej. términos urbanos, bélicos, o ajenos a su fe y cosmovisión. |
Metáforas clichés o que impongan una solución externa sin conexión con el universo simbólico de José Ej. “el ave fénix” que renace de las cenizas. |
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Ofrecer la metáfora como hipótesis |
Si fuera necesario hacer una sugerencia, ha de ser presentada como una pregunta abierta o una observación tentativa (ej., “¿Será que...?”, “¿Qué pasaría si...?”). |
Declarar la metáfora como la “verdad” indiscutible sobre la identidad de José. Ejs. “te declaro como guardián del río” o “vos deberías ser el guardián”. |
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Validación de parte de José |
Si José no se apropia de la metáfora, no hace eco en él o se siente incómodo con ella, doña Marta está obligada a retirarla inmediatamente y buscar en conjunto la palabra que José verdaderamente sí pueda expresar por sí mismo. |
Presionar o intentar “convencer” a José que una metáfora es la ideal para él. |
Fuente: Cuadro elaborado por Sara Baltodano Arróliga. Cuadro con principios éticos para sugerir o no una metáfora durante los diálogos en el acompañamiento pastoral.
Un acompañante formado exclusivamente en un marco psicológico occidental podría interpretar la desmotivación de José y la “neblina silenciosa” como un trastorno depresivo mayor endógeno o una falta de voluntad individual. Al hacerlo, quien acompaña impone un diagnóstico que aísla a José de su contexto. De esta forma se perpetúa el individualismo antropocéntrico. Si se le dice implícitamente a José que la solución está solo en su bioquímica o en su esfuerzo personal, se niega completamente que su dolor puede ser una respuesta sana al dolor de la tierra y a la opresión histórica de su pueblo. En lugar de liberar a José de su carga, este tipo de acompañamiento reforzaría la culpa y el fracaso personal, silenciando el clamor profético de su sufrimiento depresivo.
Para finalizar este punto sobre los desafíos y consideraciones éticas, consideramos que los tres marcos de interpretación que proponemos en esta publicación funcionan como una buena defensa contra los riesgos éticos mencionados anteriormente, pues desplazan el foco de la patología hacia las hermenéuticas del respeto, del cuidado y de la imaginación que conducen a la praxis liberadora.
El enfoque narrativo, como hermenéutica del respeto, previene la imposición. Al externalizar la “neblina silenciosa” y enfocarse en la co-construcción de nuevas narrativas, se respeta el principio ético de que José realmente es el experto en sus propios sentimientos. Doña Marta solo podría sugerir metáforas si éstas fueran necesarias, pero José es quien debe validar y encarnar esa nueva identidad, asegurando que ser el “guardián del río” provenga de su propia voz y cultura.
La teología ecofeminista, como hermenéutica del cuidado en comunidad, previene la individualización y el colonialismo epistémico. El uso de la “tristeza de la tierra” amplía el campo semántico del dolor e impide que el sufrimiento de José sea visto como un “dato clínico” y lo reubica como un dato ecoteológico y político, lo cual conduce a la descolonización del sufrimiento de José a través de la metáfora situada.
Las propuestas de Ricoeur, como hermenéutica de la imaginación productiva, previene la iatrogenia al validar los símbolos como caminos hacia la verdad. Al reconocer que las metáforas son capaces de generar una nueva visión del mundo (utopía), doña Marta ha de comprometerse a no reemplazar el lenguaje simbólico de José por un lenguaje literal y reduccionista.
Hemos terminado el ejercicio hermenéutico del caso de José analizando la confluencia entre la Teoría de la Imaginación de Paul Ricoeur y la Hermenéutica Ecoteológica Feminista como praxis de liberación. A través de las experiencias de José, un adolescente de la etnia Ngäbe en Panamá, examinamos cómo el enfoque narrativo, a través de la mayéutica, facilita la externalización del sufrimiento (depresión) al conceptualizarlo metafóricamente como una “neblina silenciosa”. La clave de la sanación reside en la deconstrucción, donde el dolor de José se reinterpreta como “tristeza de la tierra”, un grito que vincula el trauma de José con la crisis ambiental y el legado de la opresión histórica de la colonialidad.
La imaginación productiva de Ricoeur, a través de la metáfora de la “voz del río”, se materializa en la nueva construcción narrativa de la identidad de José como el “guardián del río”. En el acompañamiento pastoral de doña Marta a José se demuestra que las metáforas son vehículos cruciales para la descolonización epistémica y el fomento de una ética del cuidado de la creación.
José, como “guardián del río”, aún en su adolescencia enrumbándose a la adultez en sociedades adultocéntricas, pasa de la pasividad silenciosa a la acción política y cultural con la idea de comprometerse según sus posibilidades a defensar el territorio y el respeto de los valores de la etnia Ngäbe. Este es un acto de justicia epistémica y ecológica. La imaginación, a través de las metáforas, ha mediado la transición de José del sufrimiento a la responsabilidad ética en una etapa temprana de la vida.
Podemos concluir que un modelo de acompañamiento que integra el enfoque narrativo y la pastoral a través del universo simbólico se presenta como una vía de sanación integral, particularmente pertinente para el contexto latinoamericano y caribeño. Este enfoque holístico, culturalmente consciente y sensible a las cosmovisiones ancestrales, trasciende los límites del intelecto para conectar con la sabiduría del alma. Al liberar a José de los símbolos impuestos y guiarlo hacia la re-apropiación de su propia narrativa, se le empodera para encontrar un sentido más profundo y un lugar de autenticidad en su joven existencia.
Baltodano Arróliga, Sara. “Reflexionando acerca del método de Circularidad Hermenéutica”. Vida y Pensamiento 40, núm. 1 (2020): 1. http://revistas.ubl.ac.cr/index.php/vyp/article/view/88.
Baltodano-Arróliga, Sara. “Sentémonos alrededor de la mesa: Conclusiones y reflexiones de las mesas de trabajo de la Consulta de Teología Práctica Latinoamericana y Caribeña”. Teología Práctica Latinoamericana 3, núm. 1 (2024): 7–10. https://revistas.ubl.ac.cr/index.php/tpl/article/view/633.
Barredo-Pantí, Priscila. “Teologias e ecofeminismos da América Latina: o sopro da vida para a plenitude da vida”. Temas de nuestra América 32, núm. 59 (2016): 115–28.
Boff, Leonardo. Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres. Trotta, 1996.
Casilla Suclli, Isabel. “El ayni como signo de la presencia de Dios en la cultura andina: Un análisis sobre la presencia de Dios en las prácticas culturales andinas de Cusco, Perú”. Huella Teológica 3, núm. 2 (2021): 113–41. https://www.coclic.org/revteo/index.php/ht/article/view/51.
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Fonseca Rivera, Nidia V. “Teología Práctica: ¿Qué metodología se transita desde la visión epistemológica latinoamericana y caribeña?” Teología Práctica Latinoamericana 1, núm. 2 (2021): 2. https://revistas.ubl.ac.cr/index.php/tpl/article/view/217.
Gebara, Ivone. Intuiciones ecofeministas: ensayo para repensar el conocimiento y la religión. Trotta, 2000.
Hoch, Lothar Carlos. “Reflexiones en torno al método de la teología práctica”. En Teología Práctica en el contexto de América Latina, 3a ed., editado por Christoph Schneider-Harpprecht y Roberto E. Zwetsch. CLAI, 2011.
Pimentel Chacón, Jonathan. “Epistemología y teología en Ivone Gebara Discusión introductoria”. Vida y Pensamiento 27, núm. 1 (2007): 81–125. https://revistas.ubl.ac.cr/index.php/vyp/article/view/418.
Ramón Carbonell, Lucía. “Ecofeminismos y teologías de la liberación”. Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 125 (2014): 101–9.
Ress, Mary Judith. “Espiritualidad ecofeminista en América Latina”. Investigaciones Feministas 1 (mayo de 2010): 111–24. https://revistas.ucm.es/index.php/INFE/article/view/INFE1010110111A.
Ricoeur, Paul. Hermenéutica y Acción. De la hermenéutica del texto a la hermenéutica de la acción. Prometeo Libros, 2008.
Román-López Dollinger, Angel Eduardo. “El método de la teología práctica en la formación teológica superior de Latinoamérica y El Caribe. El trinomio práctica-teoría-acción como hilo conductor de la praxis cristiana”. En Teología Práctica Latinoamericana y Caribeña. Fundamentos teóricos, editado por Angel Eduardo Román-López Dollinger. SEBILA, 2022.
Román-López Dollinger, Angel Eduardo. “Presentación de las conferencias: Experiencias, desafíos y perspectivas de la Teología Práctica Latinoamericana”. Teología Práctica Latinoamericana 1, núm. 2 (2021): 7-13. https://revistas.ubl.ac.cr/index.php/tpl/article/view/211.
Solano, Jocabed. “Reflexiones sobre la COP29. No hay justicia climática sin justicia para toda la creación, incluyendo a los seres humanos”. Jocabed Solano, el 10 de diciembre de 2024. https://jocabedsolano.com/reflexiones-sobre-la-cop29/.
Solano Miselis, Jocabed Reina. “Grito de esperanza en contra del epistemicidio, la nación Guna Dule”. Folleto Integrador, 2019. https://jocabedsolano.com/wp-content/uploads/2019/05/Trabajo-Folleto-Integrador-Nuevo-joqui-12.pdf.
Vida y Pensamiento. “Ivone Gebara–Reflexiones desde el ecofeminismo”. Revista Vida y Pensamiento 27, núm. 1 (2007): 7–132. https://revistas.ubl.ac.cr/index.php/vyp/issue/view/77.
Vindas, Ruth, y Raquel Huertas-Sánchez. “Pedagogía de la fe: Apuntes de la Consulta de Teología Práctica Latinoamericana y Caribeña”. Teología Práctica Latinoamericana 3, núm. 1 (2024): 127–47. https://revistas.ubl.ac.cr/index.php/tpl/article/view/639.
White, Michael, y David Epston. Medios narrativos para fines terapéuticos. Paidós, 1993.
Sobre la autora
Bachiller en Psicología (Universidad de Costa Rica); Maestría en Teología Práctica – M.Phil. (St. Andrews University, Escocia). Ha sido profesora de Psicología y Teología Práctica en el Seminario Presbiteriano en Bogotá, Colombia; Unión Evangélica Universitaria en La Paz, Bolivia; Seminario Presbiteriano en Fortaleza, Brasil; Universidad Bíblica Latinoamericana en San José, Costa Rica.
Correo de la autora: sarabaltodano1@yahoo.com
Artículo aprobado el 29 de octubre de 2025
Artículo recibido el 22 de octubre de 2025
[1] Cf. Ruth Vindas y Raquel Huertas-Sánchez, “Pedagogía de la fe: Apuntes de la Consulta de Teología Práctica Latinoamericana y Caribeña”, Teología Práctica Latinoamericana 3, núm. 1 (2024): 135.
[2] Cf. Ibid., 137.
[3] Angel Eduardo Román-López Dollinger, “Presentación de las conferencias: Experiencias, desafíos y perspectivas de la Teología Práctica Latinoamericana”, Teología Práctica Latinoamericana 1, núm. 2 (2021): 10.
[4] Cf. Sara Baltodano-Arróliga, “Sentémonos alrededor de la mesa: Conclusiones y reflexiones de las mesas de trabajo de la Consulta de Teología Práctica Latinoamericana y Caribeña”, Teología Práctica Latinoamericana 3, núm. 1 (2024): 7–8.
[5] Para investigar más sobre la metodología de Circularidad Hermenéutica, sugerimos consultar los siguientes documentos: Nidia V. Fonseca Rivera, “Teología Práctica: ¿Qué metodología se transita desde la visión epistemológica latinoamericana y caribeña?”, Teología Práctica Latinoamericana 1, núm. 2 (2021): 2; Angel Eduardo Román-López Dollinger, “El método de la teología práctica en la formación teológica superior de Latinoamérica y El Caribe. El trinomio práctica-teoría-acción como hilo conductor de la praxis cristiana”, en Teología Práctica Latinoamericana y Caribeña. Fundamentos teóricos, ed. Angel Eduardo Román-López Dollinger (SEBILA, 2022); Sara Baltodano Arróliga, “Reflexionando acerca del método de Circularidad Hermenéutica”, Vida y Pensamiento 40, núm. 1 (2020): 1; Lothar Carlos Hoch, “Reflexiones en torno al método de la teología práctica”, en Teología Práctica en el contexto de América Latina, 3a ed., ed. Christoph Schneider-Harpprecht y Roberto E. Zwetsch (CLAI, 2011).
[6] Este es el término que José utiliza para describir su estado de ánimo. No entramos a describir el concepto clínico de la depresión.
[7] Creemos que es pertinente y responsable informar que en el presente escrito usamos un estudio de caso hipotético con propósitos pedagógicos que estimulan el ejercicio hermenéutico y el pensamiento crítico. La narrativa de José y su experiencia con la “neblina silenciosa” no corresponde a un acompañamiento real específico, sino que es una elaboración con fines demostrativos basada en experiencias empíricas. Aunque José no sea real en sí mismo, él encarna las problemáticas y las dinámicas descritas que sí son reales para muchas y muchos adolescentes que buscan su identidad en etnias que resisten la colonialidad y la destrucción de la creación.
[8] La metáfora del “desierto”, por ejemplo, podría ir más allá del lugar geográfico para simbolizar un período de soledad, falta de compromiso comunitario o una prueba de fe. Del mismo modo, un “río” puede evocar el fluir de la vida, la sanación o la purificación. Igualmente, una mujer que se describe a sí misma como “náufraga” podría estar reflejando no solo un sentimiento de soledad, sino un trauma histórico de migración y desplazamiento forzado. Quienes acompañan pastoralmente, en lugar de solo explorar la soledad, puede indagar sobre la “corriente” que la llevó a esa situación y las “tempestades” que enfrentó junto con sus familiares, dándole un sentido más amplio y colectivo a su dolor. De igual forma, un hombre que lucha por expresar sus emociones podría externalizar su rigidez como “un muro de piedra,” reconociendo finalmente que éste es una construcción impuesta por la sociedad, no una parte inherente de su ser.
[9] Deseamos destacar que, en el contexto de la Teología Práctica Latinoamericana, el acompañamiento pastoral trasciende el modelo institucional de la “oficina pastoral” (propio de algunas visiones eurocéntricas o norteamericanas). El diálogo de fe se desarrolla en el espacio-vida de José, en lugares de alta significación biocéntrica y comunitaria, como a la orilla del río, bajo un árbol o en el espacio compartido del hogar, donde la relacionalidad es visible y palpable. Esto subraya la importancia de la encarnación contextual del enfoque narrativo.
[10] Cf. Medios narrativos para fines terapéuticos (Paidós, 1993).
[11] Advertimos contra la falacia de concebir la
sanación como un proceso lineal ascendente por etapas o que va in crescendo. Es importante que doña Marta reconozca que la liberación
narrativa es profundamente dialéctica, es decir, José no transita de “victoria
en victoria”, sino que experimenta el crecimiento como un movimiento pendular.
Es esperable que la “neblina silenciosa” reaparezca o que José experimente momentos de recaída y duda, los
cuales él no debería interpretarlos como un fracaso, sino como una oportunidad
para reafirmar su nueva identidad frente a la narrativa opresiva. La tarea de
doña Marta es mantener un espacio ético que valide estos retrocesos como parte
constitutiva de su crecimiento.
[12] Bibliografía para profundizar este punto: Leonardo Boff, Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres (Trotta, 1996); Jonathan Pimentel Chacón, “Epistemología y teología en Ivone Gebara Discusión introductoria”, Vida y Pensamiento 27, núm. 1 (2007): 81–125; Lucía Ramón Carbonell, “Ecofeminismos y teologías de la liberación”, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 125 (2014): 101–9; Priscila Barredo-Pantí, “Teologias e ecofeminismos da América Latina: o sopro da vida para a plenitude da vida”, Temas de Nuestra América, Temas de nuestra América 32, núm. 59 (2016): 115–28; Mary Judith Ress, “Espiritualidad ecofeminista en América Latina”, Investigaciones Feministas 1 (mayo de 2010): 111–24.
[13] Cf. Ivone Gebara, Intuiciones ecofeministas: ensayo para repensar el conocimiento y la religión (Trotta, 2000).
[14] “Grito de esperanza en contra del epistemicidio, la nación Guna Dule”, Folleto Integrador, 2019, 1. Jocabed pertenece a la nación Guna Dule, un pueblo indígena que es uno de los siete grupos étnicos originales en Panamá.
[15] Jocabed Solano, “Reflexiones sobre la COP29. No hay justicia climática sin justicia para toda la creación, incluyendo a los seres humanos”, Jocabed Solano, el 10 de diciembre de 2024.
[16] Intuiciones ecofeministas, 35–90. Recomendamos la revista de la UBL que contiene tres ponencias de Ivone Gebara y dos reflexiones de estudiantes de Maestría en Teología de esa época: Vida y Pensamiento, “Ivone Gebara–Reflexiones desde el ecofeminismo”, Revista Vida y Pensamiento 27, núm. 1 (2007): 7–132.
[17] Cf. “El pueblo crucificado, ensayo de soteriología histórica”, Revista Latinoamericana de Teología 6, núm. 18 (1989): 305–33.
[18] Ibid.,
332.
[19] Cf. “El ayni como signo de la presencia de Dios en la cultura andina: Un análisis sobre la presencia de Dios en las prácticas culturales andinas de Cusco, Perú”, Huella Teológica 3, núm. 2 (2021): 113–41.
[20] Cf. Hermenéutica y Acción. De la hermenéutica del texto a la hermenéutica de la acción (Prometeo Libros, 2008), 101–20.