Nidia V. Fonseca Rivera

Entrevista al obispo metodista del Perú César Llanco Zavaleta

Una biografía de compromiso teológico y pastoral

Resumen

El presente texto describe de forma breve el ministerio pastoral del Rev. César Llanco Zavaleta, obispo de la Iglesia Metodista del Perú. El contenido del texto es producto de una entrevista realizada al obispo César, en el contexto de la intersección entre realidad nacional, testimonio de la fe cristiana y formación teológica-pastoral. El diálogo transita desde el perfil y la trayectoria personal del obispo, hasta un análisis crítico del contexto social peruano, marcado por la desigualdad y la búsqueda de justicia. En el ámbito ministerial, se examinan los desafíos misioneros enfrentados, destacando los procesos de formación teológica de las comunidades metodistas de Perú, los cuales son fundamentales para generar resiliencia y empoderamiento colectivo en contextos de crisis y diversidad de género y cultural. En consecuencia, la entrevista presenta los desafíos y expectativas pastorales de la Iglesia Metodista del Perú, planteando una visión estratégica donde la misión religiosa no solo busca el crecimiento espiritual, sino también una transformación social tangible. Es un testimonio esencial sobre el papel de las iglesias históricas frente a los retos sociales y pastorales del siglo XXI.

Palabras clave: Iglesia Metodista de Perú, César Llanco Zavaleta, entrevista personal, ministerio pastoral, educación teológica.

Nidia V. Fonseca Rivera

Interview with the Methodist bishop of Peru, César Llanco Zavaleta

A biography of theological and pastoral commitment

Summary

This text briefly describes the pastoral ministry of Rev. César Llanco Zavaleta, bishop of the Methodist Church of Peru. The content of the text is the product of an interview conducted with Bishop César, in the context of the intersection between national reality, testimony of the Christian faith and theological-pastoral formation. The dialogue moves from the bishop’s profile and personal trajectory to a critical analysis of the Peruvian social context, marked by inequality and the search for justice. In the ministerial sphere, the missionary challenges faced are examined, highlighting the theological formation processes of the Methodist communities in Peru, which are fundamental for generating resilience and collective empowerment in contexts of crisis and gender and cultural diversity. Consequently, the interview presents the pastoral challenges and expectations of the Methodist Church of Peru, proposing a strategic vision where the religious mission seeks not only spiritual growth but also tangible social transformation. It is an essential testimony to the role of historic churches in the face of the social and pastoral challenges of the 21st century.

Keywords: Methodist Church of Peru, César Llanco Zavaleta, personal interview, pastoral ministry, theological education.

Nidia V. Fonseca Rivera

Entrevista al obispo metodista del Perú César Llanco Zavaleta

Una biografía de compromiso teológico y pastoral

La teología práctica, como disciplina científica, se encarga de reflexionar académicamente acerca de la praxis cristiana contextualizada; es decir, aquella que se encuentra situada y encarnada en diferentes contextos vitales: sociopolíticos, eclesiales, familiares, personales, barriales, culturales nacionales e internacionales. Bajo esta premisa, consideramos importante entrevistar al Reverendo César Llanco Zavaleta, Obispo de la Iglesia Metodista del Perú (IMP), con la finalidad de discernir y sistematizar algunos elementos teórico-prácticos que se desprenden de su ejercicio del liderazgo en el ministerio cristiano y que nos ayudan a vislumbrar estrategias efectivas de acompañamiento pastoral.

La persona: trayectoria y formación ministerial

La biografía de César Llanco Zavaleta está intrínsecamente ligada a la fe desde sus orígenes: nació básicamente en el seno de la iglesia, dado que su padre ya ejercía como pastor laico cuando César llegó al mundo. Su vocación de servicio se manifestó tempranamente, lo cual se refleja en el hecho que desde su adolescencia ya ocupaba cargos de responsabilidad en las congregaciones. Esto le motivó, cuando tenía 14 años, a tomar la decisión firme de convertirse en pastor de una iglesia. Esta determinación lo llevó a acelerar sus pasos formativos: a los 16 años, luego de la educación secundaria, ingresó al seminario de la iglesia con el objetivo de prepararse formalmente para ejercer el liderazgo pastoral.

Durante su formación inicial, estuvo internado en el seminario de la iglesia por un periodo de tres años. A la temprana edad de 20 años, la iglesia le asignó su primera congregación y, simultáneamente, contrajo matrimonio con Karina González. Su primer destino ministerial fue la iglesia “San Jerónimo”, ubicada a 30 minutos de la ciudad de Huancayo. En esta comunidad, tuvo bajo su responsabilidad pastoral a un grupo diverso compuesto por 20 miembros adultos, 15 jóvenes y 80 niños y niñas.

Dos años después de esta primera experiencia, en 1990, regresó al seminario de la iglesia para cursar el cuarto y quinto año de estudios. En este nuevo periodo académico, le asignaron como pastor responsable a la iglesia “Concepción”. Su trayectoria académica dio un salto cualitativo en el año 2000, cuando, a través del seminario de la IMP logró viajar como estudiante a la Universidad Bíblica Latinoamericana[1] (UBL) de Costa Rica, donde pudo continuar sus estudios superiores en Ciencias Teológicas. Es destacable mencionar que fue la primera persona que logró acceder a una plaza de estudios a través de un convenio internacional entre ambas instituciones.

En esta institución teológica de Costa Rica, César logró culminar exitosamente sus estudios, alcanzando los niveles académicos de Bachillerato, Licenciatura y Maestría. Aunque sus primeros viajes al Seminario Bíblico Latinoamericano (SBL) —y posteriormente a la UBL— los realizó en solitario, casi al finalizar su proceso académico logró trasladarse con su esposa y sus dos hijos por un periodo corto, integrando así a su familia en su experiencia formativa. Paralelamente a este exigente proceso de formación teológica, continuó ininterrumpidamente su trabajo como pastor responsable de la Iglesia Metodista de El Tambo.

Posteriormente, en el año 2007, fue ordenado como Presbítero. A partir de ese evento, fue nombrado capellán en el Colegio Andino de Huancayo, manteniendo simultáneamente su rol como pastor en El Tambo Finalmente, en reconocimiento a su trayectoria y liderazgo, en el año 2012 fue nombrado Superintendente del Distrito Sierra y Selva.

El contexto eclesial: estructura y liderazgo religioso

La Iglesia Metodista del Perú se define estructuralmente como una iglesia episcopal[2], organizada territorialmente en seis distritos, cada uno de los cuales es liderado por un Superintendente. Actualmente, la iglesia se encuentra en un proceso de expansión administrativa, organizando un séptimo distrito en la región de la Amazonía. César ejerció el cargo de Superintendente del Distrito Sierra y Selva desde el año 2012 hasta el año 2022. Fue en este último año, 2022, cuando la asamblea lo eligió como Obispo de la Iglesia Metodista de Perú.

Este nombramiento episcopal tiene una vigencia hasta febrero del 2027. Aunque estatutariamente toda gestión episcopal tiene una duración de cuatro años con posibilidad de reelección, debido a los retrasos administrativos ocasionados por la pandemia, él fue nombrado excepcionalmente por un periodo de cuatro años y medio. Durante los once años que sirvió como Superintendente, se dedicó a recorrer exhaustivamente las 22 iglesias que conformaban el distrito a su cargo. Ahora, en su función como obispo, su responsabilidad se ha ampliado a recorrer las 155 iglesias que están distribuidas en los seis distritos nacionales. Debido a esta movilidad constante, bien podríamos denominarlo el “Obispo Itinerante”.

El contexto social nacional: desafíos y misión profética

El contexto en el que César asume el obispado se caracteriza sobre todo por los grandes desafíos pastorales derivados de la pandemia del Covid-19 (2020-2023) y la etapa de pospandemia (2024 en adelante). A nivel regional, se calculó que en toda América Latina hubo un retraso social de tres décadas a causa de la pandemia, lo cual implica un incremento del empobrecimiento, una alta deserción de la población estudiantil tanto en primaria como en secundaria, una resistencia de las congregaciones a volver a reunirse físicamente y una vulnerabilización cada vez mayor de las familias, no solo por la condición económica precaria, sino también por los duelos no cerrados de familiares fallecidos por el Covid-19.

Particularmente en el Perú, el escenario político fue convulso: se experimentó el triunfo de un presidente de origen popular e indígena que, a corto plazo, fue desplazado por un golpe de estado, lo que endureció las condiciones de sobrevivencia debido a la inestabilidad sociopolítica. Ante esta realidad, surge la interrogante: ¿Cuánto de esta situación ha desafiado a la iglesia en todos sus ministerios y, en particular, a su ministerio profético? Es fundamental recordar que el ministerio profético no solo se limita a denunciar la injusticia estructural, sino que también puede determinarse como una voz que alerte sobre la importancia de la ética y la transparencia en el manejo de los fondos públicos, y principalmente en su rol pastoral de acompañar a quienes se atreven a desafiar a los gobernantes, sabiendo que estos activistas pueden ser perseguidos y desaparecidos. En todo caso, el ministerio profético asume simultáneamente formas de denuncia del pecado estructural y de anuncio esperanzador de la responsabilidad que tenemos de construir un mundo más digno y justo.

El Obispo César afirma que la iglesia, a pesar del adverso contexto sociopolítico y sanitario, no detuvo su participación y compromiso en los espacios ecuménicos, lugares donde se acuerpan y fortalecen las voces proféticas, las cuales son los medios para que la misión profética de la iglesia se haga efectiva y eficaz. Sin embargo, la característica principal de llevar a cabo esta voz de denuncia y anuncio no ha sido a través de pronunciamientos públicos estridentes, sino que se ha centrado en la práctica puntual de acompañar pastoralmente a las víctimas de las injusticias sociales y de la crisis sanitaria, lo cual se logra al responder de manera efectiva a sus necesidades puntuales.

Por ejemplo, en regiones como Puno, Ayacucho y Cuzco –donde lamentablemente han sido asesinados líderes evangélicos– las iglesias metodistas locales, junto con sus pastores, han acompañado cercanamente a las familias afectadas. Desde el ministerio a cargo del obispo, se ha brindado apoyo de una manera concreta, pero sin mucho bullicio. En ese sentido César señala lo siguiente: “Hemos colaborado económicamente, se han abierto espacios físicos para hospedaje y alimentación, para que lleguen a la capital a demandar justicia. Sabemos que el país se ha polarizado y esto por supuesto se refleja en la iglesia también”. Los pastores ubicados en esas zonas de conflicto han trabajado arduamente junto con sus comunidades en el discernimiento crítico sobre su situación, tanto a nivel teológico y pastoral como social y político.

Además, en los últimos meses, la iglesia se ha mostrado muy activa en el campo ecológico, siendo parte comprometida públicamente en la defensa de los bosques tropicales. También, la IMP integra el Consejo Interreligioso, reuniéndose anualmente para realizar una oración simbólica transmitida por los medios: “El país debe ver el ejemplo de las iglesias cristianas que se unen junto con otras espiritualidades para interceder por el país, es un gran ejemplo de unidad, porque el país está fragmentado” (César). Este trabajo con ecuménico que promueve el diálogo entre las iglesias cristianas y las espiritualidades ancestrales, también se refleja en el compromiso que la iglesia está asumiendo en el tema ecológico, aprendiendo e incorporando estrategias sobre el cuidado de la Creación a partir de los saberes y creencias de las comunidades indígenas. En ese sentido, César también indica lo siguiente: “En los últimos meses estamos muy activos en el campo ecológico, somos parte activa y comprometida públicamente sobre todo en cuanto a los bosques tropicales” (César).

En el contexto propiamente político y de los movimientos sociales, la iglesia está participando activamente en la conmemoración del Informe de la Comisión de la Verdad, dado que este documento puso en evidencia las atrocidades cometidas por los gobiernos pasados. Por otro lado, algunos pastores de la iglesia han participado en la marcha a favor de Palestina. Estas experiencias personales o por parte de algunos sectores de la iglesia, han generado polarización en algunas congregaciones, pero, según César, también han abierto la posibilidad para el diálogo ecuménico sobre cuestiones relevantes para el cristianismo:

Entonces, nos desafiaron a abrir un diálogo sobre ecumenismo, porque nosotros nos hemos declarado como una iglesia ecuménica. En el espacio de los pastores hemos iniciado este diálogo para que a su vez ellos puedan compartir con sus congregaciones los desafíos y preocupaciones al respecto. El segundo tema en reflexión colectiva es la pregunta: ¿Es Israel el pueblo de Dios? Se trata de abrirse a reflexionar juntos antes de dar una posición (César).

Este contexto peruano, refleja una tendencia mundial preocupante: retroceso significativo en el campo de los Derechos Humanos, laborales y demás garantías fundamentales. En América Latina, la tendencia es a profundizar las desigualdades, por lo que es urgente discernir sobre estas y otras situaciones que impactan la calidad de vida de todas las personas. Los espacios pastorales permiten precisamente discernir sobre estos temas cruciales, aunque esto en algunos momentos puede implicar el riesgo de divisiones o cismas al interior de las iglesias. La postura del Obispo en este sentido es clara:

Creemos que no es necesario reducir el testimonio a una declaración pública, sino que debemos asumir un testimonio cotidiano, la voz profética debe ser levantada en todos los espacios. La IMP siempre desde su cabeza episcopal se ha caracterizado porque el testimonio debe ser de cada miembro en su vida cotidiana y bajo ese entendimiento hemos podido balancear la vida congregacional en medio de las polarizaciones (César).

En cuanto a las situaciones de género y la realidad de las mujeres, la iglesia está trabajando arduamente en la elaboración de protocolos estrictos sobre las relaciones y el cuidado de la vida en general, y de las mujeres en particular. Las violencias domésticas y eclesiales (religiosas), como las relaciones impropias, representan un desafío institucional fundamental. La iglesia ha sido contundente en no permitirlas. Como iglesia nacional hemos tenido que reconocer que no hemos generado suficientes acompañamientos pastorales y procesos de capacitación comunitaria para la transformación personal y colectiva, así como para la recuperación integral de la dignidad de quienes han sido víctimas de la violencia de género en cualquiera de sus diferentes formas. Sin embargo, si las personas que han violentado a su prójimo no muestran voluntad de reconocer sus acciones y de hacer procesos que les permitan transformarse, no se puede tener tolerancia; en esto la iglesia es clara.

Voz profética y publicaciones de educación cristiana

La “vos profética” se refiere al área de publicación que la iglesia habilitó desde el año 2019 en el Departamento de Educación Cristiana. Las publicaciones abordan y documentan los temas de la agenda eclesial y de los diferentes contextos sociales locales, por ejemplo: historia y desafíos de la iglesia en diferentes épocas, vida en familia, cultura de la paz en contextos de violencia, vida congregacional, relaciones de género y otros. El objetivo es educar para una vida con relaciones sanas, equitativas y armoniosas con el entorno. Estos materiales los utilizan todas las congregaciones. Para determinar los temas y el cronograma editorial, el obispo designa una persona como representante distrital en el Departamento de Educación Cristiana. En este contexto, se cuenta con la valiosa asesoría de Ruth Mooney (ver imagen 1), experta en este tipo de publicaciones, cuyo rol consiste no solo en la producción de materiales, sino también en capacitar y formar a los equipos que escriben e investigan (ver imagen 2), asegurando así la calidad teológica y pedagógica de los productos finales.

Imagen 1

Ruth Mooney (segunda de izquierda a derecha) con el equipo de trabajo del área de publicaciones de la IMP

Fuente: Base de datos del Seminario Teológico Wesleyano.

Imagen 2

Materiales didácticos elaborados por el equipo de trabajo del área de publicaciones de la IMP

Fuente: Base de datos del Seminario Teológico Wesleyano.

Desafíos eclesiales y administrativos: la herencia de la autogestión

Al haber servido como Superintendente, César ya había experimentado los desafíos nacionales y mundiales que provocó la pandemia, experiencia que le facilitó enfrentar asertivamente las críticas y las posiciones polarizadas al interior de la iglesia nacional. Sobre la pregunta a cómo enfrentaron este problema durante la pandemia, César explica que se experimentó el uso intensivo de las redes sociales para evitar la pérdida del espíritu congregacional:

Cierto, se usó Skype, Zoom, se usaron varias herramientas tecnológicas y, semanalmente reunía, por estos medios, a todos los pastores por hora y media para evaluar la situación y tomar decisiones. Pero el desafío fue en cuanto a la administración de los sacramentos por la consagración de los elementos. Se rompió con lo establecido y se decidió consagrarlos en forma virtual para la eucaristía y se decidió aplazar los bautizos. A fines del 2020 ya los pastores manejaban la tecnología bastante bien (César).

Poco a poco, en el 2022, se restablecieron las reuniones físicas, pero persistía una resistencia en las congregaciones a las reuniones entre semana. Los templos solo se abrían para la reunión dominical. En estas condiciones nacionales y eclesiales, César llegó al episcopado en julio del 2022, encontrándose con nuevos y complejos desafíos. Según él estos desafíos fueron sobre todo de dos tipos:

Primero fue el económico, había un déficit que equivalía a US$40.000 y el segundo fue lo relativo a la Misión, pues había que retornar a los templos, animar los ministerios establecidos y analizar si el nuevo contexto ameritaba otro tipo de presencialidad eclesial (César).

Un aspecto crucial de la iglesia nacional es la herencia de autogestión. Los misioneros que fundaron la IMP también fundaron colegios como una forma de dar testimonio de la ética protestante y como medio de autogestión para la Iglesia Nacional. Estos son colegios que tienen más de cien años de fundados. En total son cuatro colegios de educación preescolar, primaria y secundaria; tres de ellos con una población de más de 800 estudiantes y uno con 400 estudiantes, siendo su público meta las familias de clase media alta de los lugares donde funcionan.

Durante la pandemia, estos centros educativos también se vieron gravemente afectados. Para sostener las responsabilidades económicas y no despedir al personal, ni desesperar a las familias en sus condiciones socioeconómicas, los colegios recurrieron a préstamos bancarios. Esta situación llevó a la decisión de suspender la “cuota conexional” que estos colegios aportan a la Iglesia Nacional para ser redistribuida en todos los distritos, un ingreso del cual depende el 70% de la planilla nacional. Hoy se ha decidido establecer una cuota conexional fija, a fin de que los colegios puedan fortalecerse en su gestión administrativa.

El déficit eclesial era equivalente a 40.000 dólares norteamericanos. Por esa razón, hubo que ajustar rigurosamente el presupuesto nacional de la iglesia para resolver la deuda y permitir que los colegios sanearan sus obligaciones bancarias. Actualmente, solo un colegio sigue en condición vulnerable. La experiencia vivida desafía a la iglesia a ampliar la propuesta de autogestión, con el objetivo de que los siete distritos puedan ser más independientes en su gestión administrativa, alcanzando al menos un 50% de autonomía. Por ello, se está invitando a las congregaciones locales a sostener a sus pastores mediante cuotas conexionales que van al fondo de la tesorería nacional para el salario pastoral.

La realidad es que, de las 155 iglesias locales, solo el 45% cuenta con pastores ordenados pagados por los fondos de la tesorería nacional; el resto de las congregaciones son acompañadas por predicadores laicos voluntarios, lo cual constituye otro desafío administrativo y pastoral a resolver. Otro proceso de autogestión proviene de los alquileres de edificios o locales pequeños de la IMP. En esta área, se está afrontando una situación difícil con una inmobiliaria que ha generado críticas internas, pero se espera superar estos inconvenientes confiando en que la demanda interpuesta es justa y correcta.

Desafío misionero: koinonía y duelos pendientes

Al definir los desafíos en cuanto a la Misión, César identifica dos: resistencia para asistir al templo y los duelos no cerrados por las pérdidas en la pandemia. Cada uno de estos desafíos de la misión de la iglesia tienen sus propias características, las cuales de describen a continuación desde la perspectiva del obispo.

Resistencia para asistir al templo

Según el obispo, las congregaciones metodistas del Perú se han acostumbrado a recibir el mensaje de Dios en el hogar, sin darse tiempo para generar las condiciones que permitan cambiar una vida familiar caracterizada por el individualismo, el consumismo y la vulnerabilidad de los vínculos afectivos, azotados por las violencias estructurales y las urgencias de la salud personal y de procesos educativos. No hubo tiempo de evaluar la vida comunitaria, pues la pandemia obligó a trasladar abruptamente la vida congregacional a las casas.

Asimismo, se ha detectado cierta comodidad que genera un poco de dificultad para la consolidación de una fe comunitaria y comprometida: recibir el “mensaje de Dios” sin que este afecte las costumbres generadas en los últimos años en la convivencia familiar, personal y congregacional. Esto obliga al Cuerpo Pastoral a discernir profundamente acerca de del significado de la koinonía en las congregaciones. En este contexto, la pregunta central es: ¿cómo abrir los templos y cómo “reencantar” a las familias para que regresen a la costumbre de participar de forma activa en las actividades y acciones eclesiales programadas? En todo caso, este aspecto es un llamado a comprender el significado bíblico, teológico y pastoral de la vida en comunidad de fe, es decir, de la vida en koinonía:

En todo caso, la koinonía es una experiencia significativa de vida compartida, donde la espiritualidad no es evasión de la realidad social, sino una praxis cristiana encarnada, responsable y comprometida con esa realidad. Este enfoque koinónico también implica interpelar las tendencias modernas que se han enquistado en la sociedad —y en las estructuras eclesiales— centradas en el éxito personal (individualismo), la autosuficiencia (egoísmo), la acumulación (consumismo) y la competencia (insolidaridad), en detrimento de los lazos comunitarios de inclusión, desprendimiento, solidaridad y comunión.[3]

Otro factor determinante para trabajar apropiadamente las comunidades de tipo koinónico en la IMP es de tipo etario, ya que, en la etapa pospandemia se logró determinar que la mayoría de las personas que se congregan en las comunidades son personas adultas mayores, mientras que las generaciones más jóvenes participan o asisten muy poco a estas comunidades. Ante esta situación, la IMP ha decidido transparentar las estadísticas de membresía, con el fin de elaborar estrategias claras que permitan enfrentar el desafío de volver a congregarse y participar activamente en las comunidades. Inclusive en la actualidad, un 30% de las iglesias mantienen programas en línea entre semana. Esto también ha generado algunos problemas de diálogo y entre las personas de las comunidades y de acompañamiento pastoral por parte del liderazgo eclesial, ya que algunas voces han calificado de “falta de fe” a las personas que se resisten a regresar a los templos. Además, se ha evidenciado que las actividades en el ministerio evangelístico se han debilitado, lo cual representa un desafío pastoral mayor.

Los duelos pendientes por las pérdidas en la pandemia

La vida compartida en la comunidad, también tiene otras asignaturas pendientes, por ejemplo, los duelos no cerrados por las pérdidas de seres queridos durante la pandemia. Estos duelos no se han trabajado adecuadamente y, por ello, se constituyen en un asunto doloroso y pendiente, pues los primeros fallecidos se entregaban envueltos (completamente cubiertos) y sin ninguna comprobación por parte de los familiares de que el cuerpo recibido pertenecía realmente a su ser querido. Por otra parte, el entierro se realizaba en soledad absoluta, con solo una o dos personas de la familia presentes. El dolor está aún vivo, pero no se ha asumido institucionalmente como se debería hacer, ni se han elaborado los ritos necesarios para despedirse de las personas fallecidas. Por lo general los duelos se superan a los tres años, sin embargo, en estos casos particulares, aunque se quedan los bonitos recuerdos –y algunos no tan bonitos– de la persona que se ha fallecido, existen sospechas de duelos que inclusive no han sido superados. A esto se suma la posibilidad de que haya personas resentidas con las iglesias o el liderazgo pastoral, por la soledad vivida durante este proceso de pérdida, pues no recibieron ningún tipo de acompañamiento explícito, ya sea porque la iglesia no se los ofreció explícitamente o porque no lo solicitaron.

En consecuencia, la IMP tiene una enorme tarea y responsabilidad en este contexto: desarrollar programas pastorales orientados a acompañar asertivamente los duelos pendientes derivados de las pérdidas sufridas durante la pandemia, especialmente cuando el sufrimiento ha sido colectivo, afectando a familias enteras, comunidades locales y a toda la sociedad. En todo caso, la importancia de cerrar los duelos pendientes radica en el hecho que los rituales y símbolos religiosos forman parte de los procesos psicológicos y pastorales que permiten a las personas y comunidades recuperar o superar el ciclo emocional de crisis que han experimentado.

Formación teológica e identidad metodista

En relación a los desafíos vinculados a la formación teológica en el contexto de la identidad metodista, cabe destacar que, históricamente, la iglesia se ha preocupado por formar a sus líderes eclesiales. El proceso consiste en convocar a las personas candidatas y ofrecerles una formación en ministerio por tres años y un cuarto año en formación en teología. El primer título en Ministerio Pastoral les permite a las personas estudiantes concursar para ser pastores o pastoras ordenadas. Esta responsabilidad de la formación pastoral y teológica ha recaído en el Seminario Teológico Wesleyano de Perú, el cual tiene un convenio con el Seminario Andino San Pablo, que a su vez cuenta con el reconocimiento académico de la UBL (ver imágenes 3 y 4). También ofrece formación al liderazgo o predicadores laicos que a mediano plazo pueden asumir tareas pastorales. Actualmente, dos de los estudiantes del Seminario se han graduado en la UBL, gracias a que se beneficiaron del convenio entre ambas instituciones.

Imagen 3

Reverenda Rebeca Luza Salazar (rectora) junto a estudiantes que se graduaron en el Seminario Teológico Wesleyano en el año 2024

Fuente: Base de datos del Seminario Teológico Wesleyano.

Imagen 4

Obispo César Llanco Zavaleta junto a estudiantes que se graduaron en el Seminario Teológico Wesleyano en el año 2024

Fuente: Base de datos del Seminario Teológico Wesleyano.

Sin embargo, el hecho de que solo 40% de las 155 iglesias locales cuenten con pastores o pastoras con formación teológica formal, plantea un desafío muy complejo, no solamente en términos económico, sino sobre todo en la calidad del perfil teológico y pastoral de las personas responsables de las comunidades de fe. Otro aspecto relevante en este sentido, es el desafío de sostener a las congregaciones solamente con un liderazgo voluntario, generalmente carismático y con poca formación teológica, coloca a la iglesia en la disyuntiva acerca de cómo fortalecer el compromiso cristiano, sin entrar en conflictos desgastantes con algunas corrientes internas que consideran que la función de la iglesia es fortalecer la identidad metodista. Esto se refleja en el hecho que existen muchas corrientes de iglesias metodistas externas que influyen demasiado en la identidad, comprensión, interpretación y contextualización de los textos bíblicos. Por esa razón, César considera que es importante comprender la función de la formación teológica y no reducirla solamente a la identidad metodista:

Más que una identidad metodista, nos debemos preocupar por la identidad cristiana, pues hay planteamientos teológicos extraños que vienen del neopentecostalismo o de posturas fundamentalistas que hacen mucho daño a la vida congregacional y sobre todo en el discernimiento acerca de la interpretación de los textos bíblicos (César).

Como se puede apreciar, según la opinión del propio obispo, esta situación o conflicto entre identidad metodista y compromiso cristiano se puede superar con mayor facilidad a través de la formación bíblico-teológica, pero esto requiere tiempo e inversión sostenible. Es crucial que los pastores y pastoras que se han formados se animen a educar a sus congregaciones en el campo bíblico-teológico, el ecumenismo y la lectura contextual. Falta generar más formación para el liderazgo laico y asegurar el uso de las publicaciones de Educación Cristiana. Asimismo, es urgente producir publicaciones sobre la identidad cristiana-metodista; si no se prepara pronto a la iglesia en esto, a mediano plazo podría haber un cisma debido a estas corrientes externas –y a veces internas– conservadoras.

Conclusiones

Del diálogo sostenido con el obispo César Llanco Zavaleta durante la entrevista, se desprenden cinco conclusiones fundamentales. La primera de ellas es que, aunque las iglesias puedan tener una estructura episcopal, piramidal o jerárquica, es posible y necesario incluir al cuerpo pastoral y a las representaciones locales y ministeriales en la toma de decisiones. Esto implica mantener un liderazgo itinerante, donde el obispo se hace presente en los lugares y congregaciones locales, integrándose a la vida en comunidad.

La segunda conclusión es que, para sostener el ministerio profético, no es suficiente una declaración oficial; lo más importante y fundamental es discernir las posturas junto con el liderazgo y otorgar libertad de expresión y de acción.

El tercer ele aspecto derivado de la entrevista confirma algo que está directamente vinculado con la teología práctica como disciplina académica: que la educación teológica es fundamental e insustituible para la vida congregacional.

El cuarto elemento es la necesidad de un diálogo constante con el cuerpo pastoral a fin de discernir juntos los desafíos, aciertos y debilidades familiares, congregacionales e institucionales, para determinar colegiadamente los caminos coyunturales de los acompañamientos pastorales y ministerios. Sobre todo, en casos donde hay que enfrentar comunitariamente situaciones de crisis, tales como las resistencias para asistir al templo y los duelos pendientes de las pérdidas de seres queridos durante la pandemia.

Finalmente, a través de la entrevista se ha podido confirmar que, en la IMP, la calidad de la vida espiritual personal y familiar van indisolublemente de la mano con la experiencia de la vida en-comunidad, es decir, se cristaliza donde la koinonía se constituye en instrumento práctico y simbólico de la vida relacional, donde el amor, la solidaridad y la justicia son una forma de expresar el ministerio pastoral de denuncia y anuncio que exige el testimonio cristiano.

Bibliografía

Román-López-Dollinger, Angel-Eduardo. “Koinonía como modelo de comunidad alternativa: Desarrollo de comunidades de fe en contextos complejos”. Teología Práctica Latinoamericana 4, núm. 2 (2025): 5–10.

Sobre la autora

Pastora, educadora popular y teóloga costarricense. Estudios: Master en Teología Practica y Licenciada en Teóloga de la Universidad Bíblica Latinoamericana. Docente jubilada, con especialidad en el área de Teología Práctica. Diplomado en Género, Prostitución y trata. Bachiller en Ciencias Políticas. Pastora de la Iglesia Metodista Wesleyana Costarricense.

Correo de la autora: negomely@hotmail.es

Artículo aprobado el 25 de noviembre de 2025

Artículo recibido el 15 de noviembre de 2025



[1]    La UBL se consolidó como Universidad privada en el año 1997, antes de esa fecha, desde 1941, este centro de estudios funcionaba oficialmente como Seminario Bíblico Latinoamericano (SBL).

[2]    Las estructuras eclesiales de tipo episcopal, se refieren a aquellas iglesias que se encuentran bajo la responsabilidad pastoral de personas que ejercen el obispado en un país, una región o varias regiones, diócesis, provincias o distritos.

[3]    Angel-Eduardo Román-López-Dollinger, “Koinonía como modelo de comunidad alternativa: Desarrollo de comunidades de fe en contextos complejos”, Teología Práctica Latinoamericana 4, núm. 2 (2025): 7.