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Timothy J. Sandoval
El
libro de Proverbios y la Teología de la Prosperidad
Distintos movimientos
teológicos, si no siempre provocan una condena directa por perspectivas
teológicas opuestas, típicamente levantan sospechas y regularmente provocan
la ira de los demás. Casi cualquier lectura de la historia del cristianismo y
sus disputas doctrinales lo deja claro. En nuestros días, la historia
continúa: los evangélicos sospechan profundamente de la teología y la
práctica católicas. Los católicos permanecen claros acerca de los errores de
los protestantes. Las formas liberales y progresivas del cristianismo
perciben bien cómo las tradiciones teológicas más conservadoras a veces
cooperan con fuerzas económicas y neocoloniales profundamente no liberadoras,
mientras que esas mismas tradiciones conservadoras ven el crecimiento de sus
propios movimientos y el declive de otras teologías y cuerpos eclesiales,
como evidencia de lo correcto de sus propios puntos de vista.
El movimiento
Prosperity Gospel es un ejemplo destacado de un punto de vista teológico en
el mundo contemporáneo que ha generado ardientes partidarios y apasionados
detractores. Para muchos, presenta una visión teológica-moral atractiva y
poderosa. Para otros, representa un malentendido, si no, una distorsión
profunda, del Evangelio de Jesucristo.
1. El Evangelio de la Prosperidad
El Evangelio de la
Prosperidad es un fenómeno global. Sus manifestaciones, especialmente en
América Latina, Asia, África y América del Norte, son notablemente diversas.
Aunque el movimiento por lo general se asocia con las iglesias pentecostales
y neo-pentecostales, es prevalente en movimientos carismáticos y de
renovación que trascienden esas formaciones eclesiales particulares. Como ha
explicado Katherine Attanasi, el pensamiento de la prosperidad se presenta
comúnmente como un “evangelio de salud y prosperidad” que típicamente
comprende “la enfermedad y la pobreza” como “vestigios del dominio de Satanás
sobre la tierra”. Sin embargo, por la muerte y resurrección de Cristo, los
creyentes son “redimidos de la pobreza, enfermedad y muerte eterna”. [1] Por lo tanto, los
cristianos deben experimentar una vida físicamente saludable y materialmente
exitosa o próspera.
Una sólida reflexión
crítica sobre perspectivas teológico-éticas rivales siempre es buena. Por
medio de esos esfuerzos se busca discernir el valor relativo —o en un
lenguaje más tradicional, la verdad o el error— de diferentes argumentos y
prácticas teológicas y morales, incluso las nuestras. Para las personas
cristianas, una fuente indispensable de reflexión teológica y ética son las
Escrituras, aun si la naturaleza de la “inspiración” y por lo tanto la
autoridad de la Biblia se comprende de maneras diversas en tradiciones
teológicas diferentes. En este ensayo, se examina el discurso moral de un
texto bíblico que en ciertos puntos se podría pensar que apoya claramente,
aspectos del pensamiento del evangelio de la prosperidad: el libro de
Proverbios.
Mi opinión es que
Proverbios es típicamente (mal)leído en términos de, y como una
representación de, un discurso moral típicamente moderno: el utilitarismo.
Esta (mala) lectura de Proverbios facilita una mala interpretación de los
aspectos clave del discurso moral del libro. Primero, la retórica de causa y
efecto de Proverbios, que "promete" cosas buenas para aquellos que
siguen el camino de la sabiduría, se interpreta implícita o explícitamente en
términos utilitarios y, por lo tanto, se considera fácilmente como consonante
con los modos de pensamiento de prosperidad. Si vivo o creo de esta manera,
recibiré esa cosa buena. Posteriormente, la relación en Proverbios entre la
vida correcta y el logro de bienes humanos clave, como el bienestar material,
la salud y el estado social, así como la forma en que esos bienes contribuyen
a lo que el pensamiento pre-moderno orientado a la virtud llama eudemonía o el
florecimiento humano es mal entendido. Sin embargo, cuando el libro se
reconoce como una especie de discurso de la virtud antigua, se puede
comprender mejor su retórica de causa y efecto y el papel de los bienes
humanos deseables en el bienestar humano. Las afinidades importantes que
Proverbios comparte con un aspecto del pensamiento de prosperidad, así como
la profunda distancia moral del libro del evangelio de la salud y la riqueza,
posteriormente pueden discernirse más fácilmente.
2. Proverbios como un
discurso moral orientado a la virtud
Hasta hace poco, no se
había examinado mucho el discurso moral de Proverbios en términos de los
antiguos sistemas morales orientados a la virtud. Al contrario, se han
aplicado a Proverbios dos aspectos de la ética de la Ilustración en su
interpretación moderna. Por lo menos, desde los comienzos del siglo veinte,
la visión moral de Proverbios se ha entendido en términos éticos
consecuencialistas, particularmente utilitarios. Como observa Zoltán Schwáb,
“Parece que el problema más grande para los intérpretes de Proverbios antes
de los años 30 era que parecía basar sus consejos sobre la conducta correcta
en lo provechoso de esa conducta para el individuo”. [2] Por otro lado, el
valor de la descripción de la moral de Proverbios en términos tan
utilitarios, si no ha sido aceptada feliz y acríticamente, generalmente ha
sido evaluada por perspectivas morales deontológicas, típicamente kantianas o
teístas. Hava Tirosh-Samuelson ha identificado claramente esta tendencia
cuando dice: "La Biblia... generalmente se presenta como un ejemplo de
ética deontológica, cuyo principal exponente moderno fue Immanuel Kant.” [3]
El pensamiento
utilitario afirma que se debe actuar de tal manera que se maximice la
utilidad. Se determina la calidad de los actos morales por la utilidad de los
resultados de las acciones determinadas racionalmente. [4] Jeremy Bentham
(1748–1832) calificó la utilidad de las acciones por su habilidad para
maximizar el placer y minimizar el dolor. [5] John Stuart Mill
(1806–1873) se enfocó más en maximizar la felicidad general, insistiendo que
los agentes morales actúan correctamente cuando sus hechos resultan en el
mayor bien, determinado racionalmente, para la mayor cantidad de personas. [6] El clásico
procedimiento "utilitario" de razonamiento moral está, por lo
tanto, saturado con una visión de que los humanos deberían actuar
racionalmente para maximizar la utilidad, aunque lo que se maximiza puede
entenderse de manera diversa, ya sea placer (Bentham), felicidad (Mill) o
preferencias personales, como un teórico más contemporáneo como Peter Singer
(n. 1946) podría decir. [7]
Naturalmente, una
manera típica según la cual los seres humanos pueden perseguir la felicidad o
buscar el placer y minimizar el dolor es actuar para adquirir y usar cosas
útiles —tales como riqueza, salud y estatus social— temas que también son
bastante importantes para el pensamiento de la prosperidad y Proverbios (cf.
3.8, 16; 4.27; 8.18; 16.24; 22.4; 24.4: 29.18). Cuando se lee literalmente la
retórica de Proverbios, parece prometer cosas deseables como riqueza
material, salud o estatus social para los que siguen el camino de la
sabiduría. En tal caso se puede considerar que hace una propuesta de tipo
utilitario. Tal paso vería la adquisición de riqueza (u otra cosa de clara
utilidad) como una motivación primaria para la moralidad, ya que, de nuevo,
adquirir y usar algo como la riqueza es una manera obvia por medio de la cual
los seres humanos buscan felicidad. Si la persona instruida en Proverbios
quiere esas cosas de gran utilidad que el libro promete a los sabios y los
justos, tiene sentido que tal persona decida actuar de acuerdo con los
impulsos morales del libro para conseguirlos. Es “racional” que tal persona
haga caso del impulso pedagógico de dichos como Proverbios 10.4 y 22.4 y
busque actuar diligentemente, con humildad y piedad religiosa.
La mano negligente empobrece;
Mas la mano de los diligentes enriquece.
Riquezas, honra y vida
Son la remuneración de la humildad y del temor de
Jehová.
La perspectiva
utilitaria se preocupa principalmente de las ideas subjetivas de la persona
respecto a lo que constituye su felicidad o lo que un individuo podría pensar
que aumenta su placer o disminuye su dolor. Por lo tanto, es muy diferente a
las tradiciones de la moralidad en las que lo central es cultivar las
virtudes para disfrutar de la eudemonía—una vida floreciente de
bienestar. Sin embargo, los comentaristas, que en realidad entienden la
retórica moral de Proverbios en términos utilitarios, a veces describen esa
retórica como eudemonista. Los biblistas que han usado ese término para
describir Proverbios a veces lo han malentendido. Típicamente reducen las
nociones clásicas de eudemonía a un tipo de utilitarismo —una simple preocupación
por la felicidad, concebida estrechamente en términos del “éxito” o el logro
de la prosperidad, alto estatus social y otras cosas buenas. C.H. Toy, a
comienzos del siglo veinte, por ejemplo, expresó que para Proverbios la
motivación para “la buena vida es individualista, utilitaria o eudemonista
—no para la gloria de Dios ni para el bienestar del hombre en general, sino
para el bienestar del actor”. [8] De manera similar
John Barton escribe que el discurso moral de Proverbios es “más un eudemonismo
que llamaríamos en nuestros términos teleológico o consecuencialista”. [9]
Aunque el utilitarismo
ha influido en las descripciones de la naturaleza del discurso moral de
Proverbios, a menudo se ha interpretado el valor moral del libro por medio de
un lente implícitamente kantiano o deontológico. [10] Un acercamiento
deontológico a la ética resalta “seguir las reglas” o la obediencia a la ley.
Mientras el acercamiento de Kant ha influido más en círculos filosóficos, las
teorías del mandato divino de la ética son deontológicas también. En
contraste con cualquier énfasis en una conducta que maximiza la utilidad,
Kant diría que se debe actuar según un deber a la ley moral universal que se
puede determinar racionalmente. Se debe acatar las leyes o máximas que se
formulan de tal manera que la acción de uno se puede universalizar y ser
válida para todas las personas en todas partes —su famoso “imperativo
categórico”. Por supuesto, muchos biblistas no son kantianos sino teístas,
comprometidos con perspectivas deontológicas vía teorías de moralidad del
mandato divino. Kant, por supuesto, se opuso a los acercamientos teístas a la
ética, ya que para él (como pensador de la Ilustración que era), es nuestra
propia racionalidad, no Dios, la que nos da la ley —las reglas a seguir. Para
él, seguir mandatos divinos sería renunciar a nuestra autonomía y agencia
moral. De todos modos, suponer la existencia de Dios da a los humanos —por lo
menos a los teístas— razón para creer que la ley moral puede y debe ser
cumplida, y la inmensa influencia de Kant en la época moderna ha inspirado e
informado las teorías, teístas y otras, que priorizan el seguimiento de la
ley y las reglas.
Para la corriente
deontológica de pensamiento, actuar moralmente para ganar algo, no es
solamente equivocado sino escandaloso. Se debe hacer lo correcto no por la
esperanza de ganar un premio sino porque es el deber o porque se debe
obedecer las reglas establecidas por una autoridad legítima como Dios. Si se
considera el discurso moral de Proverbios como un utilitarismo egoísta, las
personas orientadas al pensamiento deontológico tendrán razón en sospechar el
valor moral de tal discurso. No sorprendería escuchar a tales personas
sugerir despectivamente que Proverbios “está orientado al éxito antes que a la
virtud” (Barton), que no se interesa en “la gloria de Dios, ni el bienestar
del hombre en general sino [solamente] en el bienestar del actor” (Toy). [11] En otras palabras,
desde una perspectiva moral deontológica, se podría considerar profundamente
problemática la visión moral de Proverbios porque trastorna las convicciones
más profundas del intérprete, de que no se debe hacer lo correcto por
razones egoístas para conseguir premios. Y ese reproche es análogo a
ciertas críticas al Evangelio de la Prosperidad que buscan describir a sus
adeptos como actores fundamentalmente egoístas. Por supuesto, en el
pensamiento moral orientado a la virtud, tal como el sistema aristotélico, no
se necesita considerar ni la utilidad ni las reglas como moralmente
centrales. Se hace el bien, se vive virtuosamente, porque solo de esta manera
se puede llegar a ser feliz y lograr la eudemonía.
La prominencia
implícita de marcos de referencia utilitarios y deontológicos, en vez de
marcos orientados a la virtud en los estudios de Proverbios, genera otro
defecto en muchas interpretaciones contemporáneas del libro. Casi siempre se
encuentra una falta de comprensión de cómo se puede considerar legítimo
moralmente el deseo humano por y la búsqueda de ciertos bienes, tales como el
bienestar material, la salud y el reconocimiento social. Se ve sencillamente
como la búsqueda del placer utilitario (en el mejor de los casos) o la
búsqueda crasa de ventaja personal (en el peor), sea que tal búsqueda de
ventaja se conciba en términos de una expectativa del Evangelio de la
Prosperidad para la riqueza y la salud o por otra teología o ideología. Sin
embargo, los discursos morales orientados a la virtud como la tradición
aristotélica de la ética —y como resulta en el libro de Proverbios— sí tienen
lugar para tales deseos y expectativas humanos dentro de su lógica moral.
3. ¿De verdad orientado a la
virtud?
Se podría preguntar
cómo podemos asegurarnos que Proverbios se considera un discurso moral
orientado a la virtud. Si Proverbios muestra preocupaciones suficientemente
análogas a asuntos claves resaltados por las tradiciones morales orientadas a
la virtud, podemos tener confianza que Proverbios es un libro de ética
de carácter y cómo lo es.
Las tradiciones de la
ética de la virtud suelen compartir varias características claves; por
ejemplo, en la tradición moral aristotélica es vital conocer el tipo de ser que
es el humano y lo que constituye su desarrollo, porque faculta discernir
cuáles virtudes, bien usadas, permiten a los individuos buscar, valorar y
ordenar un rango de bienes necesarios para su desarrollo. Las tradiciones de
ética de carácter también priorizan “los agentes morales” por encima de
“actos correctos” o la obediencia a reglas; enfocan la atención en las
virtudes y vicios o en “el camino de la vida” de personas buenas y malas,
individuos virtuosos y viciosos. La tradición aristotélica de la ética de la
virtud, también resalta la centralidad de las virtudes de la sociabilidad y
la sabiduría práctica para el bienestar humano y la importancia de entrenar
los deseos de la persona para los diversos bienes que los humanos se inclinan
a seguir al buscar eudemonía —bienestar o felicidad.
De manera implícita o
explícita Proverbios revela bastante preocupación por todos estos asuntos que
son integrales a la ética de carácter. Por supuesto que es imposible en un
solo ensayo considerar a fondo todas, ni siquiera algunas, de estas
características. Lo que se puede tratar brevemente son las características
más importantes de Proverbios para reconocer cómo refleja este texto una
ética de la virtud y, por lo tanto, puede o no apoyar un mensaje del
Evangelio de la Prosperidad. En particular, reconocer el tipo de ser que
Proverbios entiende que es el humano, nos permite discernir qué bienes el
libro considera necesarios para el desarrollo humano. Así también, ayuda a
explicar el lugar central de las virtudes de socialidad en el libro y por qué
el libro relaciona tan obviamente, bienes como riqueza y salud con sabiduría
y virtud. Ese enlace retórico señala el lugar importante en Proverbios del
entrenamiento o tutoría de los deseos individuales.
4. La antropología de Proverbios
Proverbios no dice
mucho explícitamente acerca del “tipo de ser que son los humanos”. Se infiere
su antropología de las imágenes y retórica que utiliza mientras toca otros
temas. Primero, para Proverbios, los humanos son fundamentalmente seres físicos
o materiales con cuerpos: carne y hueso (ej. 3.8; 5.11; 15.30; 16.24; 18.8;
26.22); y estos cuerpos tienen necesidades particulares y producen deseos o
apetitos particulares. La comida y el sexo son las necesidades y deseos más
obvios en la experiencia de Proverbios. Los seres humanos en Proverbios, sin
embargo, también poseen un espíritu. El espíritu de una persona (חור שיא) puede revelar su
carácter y puede ser juzgado o pesado por Dios (16.2). Por lo tanto, puede
representar el ser esencial de la persona: uno que es “impaciente de
espíritu” suele mostrar enojo (ej. 14.29); la persona con “altivez de
espíritu” puede ser arrogante (16.18; 29.23); uno de espíritu afable suele
ser humilde (29.23; cf. 16.19); otro espíritu muestra un ser de carácter fiel
o confiable (11.13). El espíritu humano también puede ser abatido (15.13;
17.22; 18.14) por la tristeza o la desesperación, mostrando que en Proverbios
se considera a los humanos como seres complejos sicológicamente, exhibiendo
un rango de emociones —sea amor, odio, enojo, gozo o compasión. Resalta que
el espíritu de la persona puede y debe ser controlado o dirigido para que
refleje la sabiduría de la persona (16.32; 25.28) y no su necedad (29.11).
Proverbios también
supone que los humanos son criaturas profundamente sociales. Deben existir
con otros de su especie en familias y otros grupos sociales, como aclara el
uso en el texto de términos de parentesco (padre, madre, hijo, hija) y de
gobierno (pueblos, ciudades). La preocupación de Proverbios con la virtud
social, lo que el prólogo del libro (1.3) llama “justicia, juicio y equidad”,
revela lo mismo. En todo el libro, se resaltan el valor de la amistad
auténtica (17.9, 17; 18.24; 22.11; 27.6, 10), la compasión y la justicia para
los marginados (14.21, 31; 17.5; 19.17; 21.13; 22. 9, 16; 28.3, 8, 15, 27;
29.13-14; 31.9, 20), tanto como las prácticas justas en el mercado (11.1;
16.11; 20.10, 23) —todas virtudes de cooperación esenciales para la buena
convivencia.
Proverbios también
presenta a los humanos como criaturas racionales o intelectuales, el tipo de
ser que puede adquirir conocimiento y usar una racionalidad para discernir
maneras exitosas de lograr metas deseadas (cf. 1.2, 4). Más importante en
este sentido es que los seres humanos en Proverbios son capaces de
desarrollar y usar una sabiduría práctica, lo que la tradición clásica llama phronesis:
esa virtud por la cual una persona puede discernir el camino correcto y bueno
en cada momento. [12] La capacidad
intelectual-moral humana para el conocimiento y la racionalidad también
subraya la naturaleza social de los humanos. La ayuda de otros —notablemente
padres o maestros que instruyen (Prov 1-9) o la sabiduría comunal tradicional
(Proverbios 10-29) que hace posible el desarrollo de las facultades morales e
intelectuales humanas.
El tipo de ser que
Proverbios supone que son los humanos, entonces, es algo parecido a la noción
de los humanos como “animales racionales dependientes”, desarrollado por Alasdair
MacIntye, uno de los principales intérpretes de la tradición
aristotélica-tomista de la ética de la virtud. Como dice MacIntyre, “Por lo
general, es a otros que debemos nuestra sobrevivencia, más aún nuestro
desarrollo”. [13] Los seres humanos
somos criaturas cuya biología y existencia encarnada significa que en varios
puntos de nuestra vida —más obviamente como infantes, pero también a menudo
en la vejez y en momentos de enfermedad o discapacidad—somos fundamentalmente
dependientes de otros. Aunque los seres humanos podemos, con la ayuda de
padres y madres, maestros y otros, desarrollar nuestra capacidad como agentes
racionales morales para lograr cierto grado de independencia, este movimiento
presupone nuestra relacionalidad y dependencia continua.
Entonces, ¿qué
constituye el fin o la buena vida para tal animal racional, material,
espiritual y social, según Proverbios? ¿En qué consiste el desarrollo humano?
Aunque el libro, de nuevo, no lo dice explícitamente, identifica o supone el
valor y deseabilidad de varios “bienes”, que en las tradiciones morales
orientadas a la virtud se consideran objetos naturales del deseo humano y
esenciales para la felicidad humana o la eudemonía. Estos bienes incluyen: 1)
cierto grado de prosperidad material, de riqueza; 2) buena salud; 3) cierto
grado de reconocimiento social, de estatus u honor; 4) un grado de
satisfacción sexual; 5) un ejercicio del intelecto, no meramente en términos
teóricos sino también en asuntos prácticos; y 6) un orden social justo dentro
del cual se pueden buscar los bienes mencionados.
Obviamente algunos de
los bienes que las tradiciones de la ética de virtud y Proverbios reconocen
implícitamente como necesarios para que los seres humanos disfruten la vida
plena —p.e. riqueza y salud— corresponden directamente a los “premios” que
anticipan los adherentes del Evangelio de la Prosperidad. Sin embargo, hay
diferencias importantes en cómo tales bienes caben dentro de los distintos
discursos morales y teológicos. Para las tradiciones orientadas a la virtud,
tales bienes no son una mera recompensa por una creencia o conducta correcta.
Para que contribuyan de verdad al bienestar o felicidad de alguien, tienen
que ser correctamente buscados y ordenados “por la sabiduría” o el ejercicio
de varias virtudes. La mera adquisición y acumulación de los bienes que los
seres humanos desean al buscar el bienestar, no puede producir ese
desarrollo. Al contrario, el deseo de la persona por tales bienes tiene que
ser fundamentalmente subordinado al anhelo por una vida de sabiduría y
virtud. La persona virtuosa o de buen carácter, debe hacer lo que es bueno no
para lograr algún bien o premio deseable; tampoco debe actuar por temor al
castigo o un “premio malo”. Debe actuar o decidir por qué escoge y desea
vivir virtuosamente, hacer el bien porque sí. Sin esta opción y deseo, no se
puede considerar que la acción sea propia; no es parte del carácter de la
persona ni de lo que ella es fundamentalmente. Como dice MacIntyre, lo que se
necesita lograr en el desarrollo del carácter es “una transformación del
conjunto motivacional” de la persona “para que lo que antes eran razones
externas” por actuar “lleguen a ser internas”. [14]
El hecho de que
Proverbios a menudo promete cosas buenas —sea riqueza, estatus, salud u otro—
a quienes siguen las enseñanzas del libro resulta obvio para la mayoría de
los/las lectores. Estas promesas aparecen a menudo en forma de una retórica
de causa y efecto o, como lo llaman los biblistas, “acto-consecuencia”. Con
esta misma retórica el libro también promete cosas malas a los que desprecian
la sabiduría. Tal retórica a menudo se entiende literalmente por los/las
lectores contemporáneos de Proverbios. En ese caso, se puede pensar que el
libro presenta una ética simplista —haz esto y recibirás eso.
Alternativamente, se puede pensar que la retórica de causa y efecto del libro
refleja los esfuerzos ideológicos y la lógica moral defectuosa de las élites
de sabios; de hecho, podría servir para justificar las ventajas sociales y
económicas de los que ya se consideraban (por otros o por ellos mismos)
sabios. Si los sabios y los justos son premiados con riqueza y estatus,
entonces ¡los que tienen riqueza y estatus son sabios!
Sin embargo, no se
debe entender Proverbios meramente como un texto que refleja una ética
simplista o una ideología élite egoísta. No se deben tomar tan literalmente
las promesas de cosas buenas en el libro. Por un lado, se puede considerar
que las promesas de cosas buenas para los que siguen la sabiduría son una
estrategia literaria para motivar a los jóvenes simples (1.4) a seguir
instrucciones. Por otro lado, las promesas de buenas y malas cosas también
sirven para valorar simbólicamente lo que el libro considera virtudes y
vicios al asociarlos con imágenes deseables y no deseables (riqueza y
pobreza; honor y vergüenza, etc.). [15] Sin embargo, si la
retórica de causa y efecto de Proverbios no se debe tomar demasiado
literalmente, tampoco lo es el nivel figurativo de significado del libro;
éste no puede eclipsar por completo el significado literal del libro. Los dos
niveles de significado funcionan juntos, ya que como ha explicado Paul
Ricoeur, el significado metafórico o “significación secundaria” emerge solo
“por medio de, o por, el literal”. [16]
Por lo tanto, la
presentación en Proverbios de un rango de bienes humanos deseables como un
tipo de premio por una vida dedicada a seguir la sabiduría constituye —por lo
menos en parte—una afirmación sustantiva de cómo una vida de sabiduría o
virtud se relaciona con la adquisición de otros bienes y cómo juntos,
la posesión de virtud y estos otros bienes hacen posible el
bienestar humano. El prólogo de Proverbios, de hecho, aclara que el libro se
dirige no solo a los jóvenes y los simples (1.4) que podrían ser motivados a
seguir instrucciones con promesas de premios, sino también a la persona sabia
y entendida (1.5) —precisamente el tipo de persona que no solamente sería
escéptica de promesas simplistas, sino que su conjunto motivacional estaría
ya en gran parte transformado. Tales individuos no requerirían (o
necesitarían menos) ser motivados a una vida de virtud por la promesa de
bienes externas, ya que sus deseos ya habrían sido entrenados para una vida
de sabiduría; ya habrían ganado (o estarían ganando) un sentido más claro de
cómo varios bienes humanos deseables se pueden ordenar para contribuir a la
felicidad humana y cómo se puede conseguir correctamente esos bienes.
5. Entrenamiento del deseo:
La riqueza en Proverbios 1-9
Proverbios alude al
entrenamiento (o falta de él) de los deseos, por los bienes que pueden
contribuir a la felicidad humana en varias maneras. En algunos puntos el
libro usará una retórica literal de deseo para describir los anhelos tanto de
personas moralmente admirables como de personas sospechosas (ej. 10.24;
11.23; etc.). En Proverbios 1-9 el antiguo texto patriarcal, que imagina su
público principalmente como jóvenes varones, también hablará de lo atractivo
de la sabiduría y la insensatez y la importancia de deseos bien entrenados al
presentar imágenes eróticas de mujeres —especialmente la mujer extraña o
extranjera y la Mujer Sabiduría (ej. 2.16-19; 4. 5-9; 7.1-27).
Otra manera importante
en que Proverbios, especialmente Pr 1-9, alude claramente a la importancia de
entrenar correctamente los deseos naturales de la persona es con una retórica
de riqueza —un bien humano del que la mayoría de las personas, especialmente
adherentes al Evangelio de la Prosperidad, conocen bien el valor. Hay
instrucciones directas y concretas acerca de la riqueza material en Pr 1-9
(ej. con respecto a fianzas en 6.1-5). Sin embargo, por lo general Pr 1-9
utiliza el lenguaje de riqueza y bienes materiales preciosos —esas cosas que
poseen valor obvio en términos económicos reales— para describir el atractivo
del camino de la virtud no-material de la sabiduría en contraste con el
camino de los tontos y malvados, los que malentienden el valor de la riqueza
material para la felicidad humana. Así, el texto ilustra y promueve la
transformación del conjunto motivacional de la persona que es necesaria para
lograr eudemonía.
Proverbios 1.10-19,
por ejemplo, se ocupa básicamente de ofrecer instrucciones concretas a su
público para evitar una conducta viciosa o cosas similares. Sin embargo, es
también el primer pasaje del libro que emplea una retórica de riqueza para
asignar valor a los “dos caminos” en Proverbios —el camino del justo y sabio
y el camino de malvado y tonto. La retórica del deseo ya está presente en la
primera línea del pasaje. En 1.10, los “pecadores” “quisieran engañar” (התפ) al destinatario para
que participe en actos brutales de robo al prometer en v.13 ganancia material
o רקי ןוה (“riqueza preciosa) y
ללח (“botín”). Sencillamente, los pecadores tratan de tentar al
destinatario a seguir su camino malvado con la promesa de riqueza deseable.
Sin embargo, la
invitación de los pecadores a robar y matar para obtener ganancias materiales
contiene pistas de un nivel de significado más amplio y figurativo en el
pasaje. Primero, se ubica en un espacio literario muy importante, al inicio
del libro, casi inmediatamente después del prólogo programático (1.2-7). Este
lugar literario señala que el significado del pasaje para el libro sobrepasa
potencialmente la instrucción literal que ofrece. Hay otras pistas para este
superávit de significado también. Las palabras que los ladrones pronuncian no
son suyas, sino que se ubican en su boca por el padre-maestro: “Hijo mío, si
los pecadores dicen…” (v. 10). Las palabras que la voz de instrucción del
libro atribuye a los pecadores también son hiperbólicas. La invitación de los
ladrones a robar y matar contradice normas comunes de justicia. Lo que es
más, la retórica del pasaje generaliza desde el robo violento de los
pecadores a "todos" los que persiguen ganancias injustas, un
movimiento retórico que indica que el enfoque de la instrucción no se limita
a las advertencias sobre la violencia y el robo extravagante.
Juntos, la ubicación
de la viñeta al puro principio del libro, la caricatura del discurso (y
acciones) de los pecadores de parte del padre, y la retórica generalizadora
del texto sugieren que es un relato paradigmático para Proverbios y no una
instrucción sencilla y literal. En un plano literal el texto advierte a su
destinatario contra los peligros de las pandillas y la inmoralidad de buscar
riqueza por medio de la violencia y la injusticia (vv. 11-12). Pero el
lenguaje de riqueza en este pasaje, también funciona como un símbolo textual
más amplio de lo que es deseable. Aunque la riqueza que prometen los
pecadores sirve de símbolo del supuesto atractivo del camino de vida de los
pecadores, en seguida el pasaje proclama que el sendero del pecador no provee
al destinatario ninguna ventaja económica o de otro tipo. De hecho, el camino
del pecador conduce a la muerte, donde terminan las “sendas” de “todo el que
es dado a la codicia” (v. 19). El
“camino equivocado” para Proverbios, aunque a veces puede conseguir ciertos
bienes que los humanos desean en búsqueda de su felicidad —en este caso
riqueza material—frustra al fin el logro de una vida floreciente. Los
pecadores que roban y matan a otras personas por ganancia, no comprenden
correctamente ni el valor de la riqueza material ni el papel de la
sociabilidad —ni la relación entre estos dos— para constituir el bienestar
humano. Por lo tanto, persiguen riquezas deseables de manera viciosa y
desmesurada.
Proverbios 1.10-19 es
entonces, un “primer paso” literario en los esfuerzos del libro de
simbólicamente reestructurar el deseo del oyente lejos del camino de
las personas insensatas y las malvadas. El próximo paso será dirigir este
deseo hacia una vida de virtud —una vida vivida en el camino correcto.
Para hacer esto, Pr 1-9 intensifica progresivamente el poder de su retórica
de riqueza para construir una representación cada vez más fuerte del valor de
la sabiduría.
Aunque inicialmente la
voz de instrucción del libro no utiliza el mismo lenguaje de riqueza empleado
por las personas pecadoras en Pr 1, en el último pasaje pertinente de Pr 1-9,
esta voz didáctica coopta el lenguaje de riquezas propio de las personas
pecadoras para proclamar el valor duradero de la sabiduría y al mismo tiempo
socavar las pretensiones de las personas pecadoras acerca de lo deseable de
su propio camino. Así, en Pr 2.4-5, el valor de la sabiduría es “como la
plata y los tesoros”. Después, en 3.14-16, por medio de una construcción
comparativa, la sabiduría personificada se describe como “mejor que” la plata
y otros bienes valiosos. Pero en 4.5-7 se dice que la sabiduría es tan
valiosa que la persona destinataria debe dar cualquier posesión (ןינק) que tenga para
adquirirla o metafóricamente “comprarla” (הנק). A continuación, en
8.10-11 el texto utiliza una estrategia de personificación para que la Mujer
Sabiduría misma —y no la voz del padre/maestro— mande al destinatario a tomar
su instrucción “y no plata” (ףסכ אל), tan superior es su
valor a los bienes materiales. [17]
Todos estos pasajes
usan imágenes conocidas de riqueza material para atribuir valor y
deseabilidad al camino de la sabiduría. El uso explícito de símiles,
construcciones comparativas, juegos de palabras metafóricas y la
personificación de la sabiduría, señalan la naturaleza figurativa de la
retórica de la riqueza en la instrucción. El deseo por la riqueza se asocia
simbólicamente con y se (re)dirige hacia el deseo por la sabiduría y la virtud.
Aunque se puede caracterizar el valor de la sabiduría en términos económicos,
su valor no se puede reducir a un premio material. Así, la retórica de
riqueza y sabiduría en Pr 1-9 ayuda a transformar la inclinación natural de
la persona oyente o lectora por lograr el bien de prosperidad material a un
deseo por la sabiduría, un anhelo por las virtudes cultivadas por las
personas sabias y justas. La vida virtuosa de sabiduría es lo que facilita un
cálculo correcto de la riqueza—una comprensión de cómo se debe perseguir y el
lugar que debe ocupar en la constelación de bienes que hacen posible la
felicidad humana.
Es sin embargo hasta
Pr 8.18, con las palabras propias de la Sabi-duría personificada, que
alcanzamos la cima de los esfuerzos retóricos de Pr 1-9 para entrenar los
deseos del destinatario por medio de una retórica de la riqueza. Aquí la
Sabiduría afirma: “Conmigo están las riquezas y la honra, la prosperidad y
los bienes duraderos”. (NVI) Las riquezas y la honra de v. 18ª son dos cosas
que poseen valor obvio en términos económicos y sociales respectivamente.
Pertenecen firmemente al conjunto de imágenes en Pr 1-9 que subrayan el valor
o deseabilidad de la sabiduría, en términos de los bienes externos que los
seres humanos se motivan a buscar. Pero Pr 8.18 exige sutilmente a las
personas lectoras a buscar más allá del nivel literal de lo material y social
de su retórica. En contraste con otros pasajes que asocian figurativamente la
sabiduría con valiosos bienes materiales, en 8.18ª (ver 3.16), la Mujer
Sabiduría personificada posee riqueza y honra. Ella dice “están conmigo”. Un
lector podría suponer que la persona que encuentra sabiduría encontraría
premios materiales y sociales. La búsqueda de la sabiduría para Proverbios,
al fin, puede ser externamente motivada. Las personas estudiantes pueden ser
exhortadas a buscar Sabiduría principalmente por los beneficios materiales
que ofrece. Ciertamente las personas destinatarias jóvenes y simples de
Proverbios, pueden haberse sentido inclinados a comprender en ese sentido
literal las imágenes de beneficio social y material en el pasaje.
Lo que se debe notar,
sin embargo, es que en v. 8.18b la Mujer Sabiduría no solamente posee
riquezas y honra. También posee קתע ןוה “riquezas duraderas”.
Es la expresión clave del versículo porque la promesa de la Mujer Sabiduría
de קתע ןוה contrasta fuertemente
con la promesa de las personas pecadoras de רקי ןוה (“riqueza preciosa)
en Pr 1. La calidad duradera de la riqueza de la Mujer Sabiduría indica que
es distinta de la riqueza valiosa de las personas pecadoras. Tal como siempre
han afirmado los filósofos morales, la riqueza material por su naturaleza es
efímera; se pierde fácil y rápidamente —sea por el robo, la muerte u otros factores;
no hay garantía que se pueda mantener mucho tiempo y por lo tanto su valor es
limitado. Proverbios mismo reconoce esto, tal como lo hace la tradición
bíblica más amplia de la sabiduría (ej. Pr 23.4-5; Ecl 5.13-14; Job 15.29;
22.19; ver la riqueza de vanidad de Pr 13.11, 22).
En contraste con la
naturaleza fugaz de la riqueza material, la riqueza que la Mujer Sabiduría
posee y ofrece es duradera. Es más, se mantiene no por una persona real sino
por la personificación de la virtud, tal como aclaran los versos anteriores
en Pr 8, especialmente vv12-14. La riqueza de la Sabiduría en Pr 8.18 se
entiende mejor figurativamente como “la riqueza de la virtud”, esos rasgos de
carácter que le permiten comprender y buscar correctamente los bienes
necesarios para el florecimiento humano, para actuar bien en la búsqueda de
la felicidad. Ya que la “riqueza” (o sea virtud) que Sabiduría ofrece es
interna a la persona, en contraste con las riquezas reales, no se puede
perder fácilmente. Por lo tanto, se puede decir que es duradera y su valor
superior al de la riqueza material.
Es interesante que la
riqueza duradera en 8.18 se compara de modo paralelo en v. 18b con lo que
algunas traducciones importantes en inglés —NRSV, NJPS y NIV— traducen
extrañamente como “prosperidad” o “éxito”. La Sabiduría tiene y ofrece “la
prosperidad y los bienes duraderos” (NIV). Sin embargo, la palabra para
“prosperidad” o “éxito” es הקדצ, una palabra
típicamente traducida como rectitud o “justicia” (RV1995). Las razones
filológicas y semánticas presentadas para esa traducción inusual en Pr 8.18
no convencen. El término se debe traducir “justicia” o “rectitud”, como casi
siempre se hace, y tal como hacen las otras versiones (NRSV, NJPS y NVI) dos
versos después, en v 20.
En contraste con los ladrones
en Pr 1 que buscaban riqueza real por medios injustos, la “riqueza duradera”
que ofrece la Sabiduría en 8.18 no es, entonces, una simple ganancia
material, ni tampoco una ganancia material que dura solamente porque fue
adquirida justamente. Más bien, la “riqueza duradera” que ofrece la Sabiduría
es la que es genuinamente valiosa —las virtudes del camino de la sabiduría,
señaladas aquí por una sinécdoque con la mención de una virtud social de
primera importancia para Proverbios: la justicia (הקדצ). En la economía
simbólica de Pr 8.18, הקדצ (justicia) se
establece en efecto, en aposición a קתע ןוה (riqueza duradera”),
y por lo tanto la define. La “verdadera” riqueza de la sabiduría es la
virtud, especialmente la virtud social.
Por lo tanto, Pr 8.18
no implica inequívocamente que la promesa de ganancia para quienes adquieren
la Sabiduría se debe entender en términos literales. Ciertamente existe la
implicación de que la riqueza es un bien que los seres humanos pueden buscar
naturalmente en pos de la felicidad y que, en contraste con el robo y el
asesinato de los pecadores en la Prov. 1, el sabio solo buscará adquirir
riqueza de manera legítima. Sin embargo, el punto fundamental para una
comprensión de la ética de la virtud en Proverbios es que la motivación
externa para cultivar una vida virtuosa —su asociación con la ganancia
material— ha cedido a una motivación interna, a saber: el valor de la virtud
en sí.
Si la visión de
Proverbios de lo que constituye una buena vida humana incluye un grado de
bienestar material, significa que el deseo para tal “prosperidad” se debe
considerar como un anhelo moralmente legítimo para el ser encarnado que,
según Proverbios, es el ser humano. Sin embargo, aunque es cierto que para
Proverbios los seres humanos necesitan ciertos bienes externos para estar
bien, también es cierto que la mera acumulación de esos bienes nunca llevará
a un florecimiento genuino. En el discurso orientado a la virtud que es
Proverbios, para que un bien como la prosperidad material contribuya al bienestar,
la persona necesita desarrollar un conjunto motivacional transformado. Ya no
debería esforzarse por algo bueno como la riqueza de manera indisciplinada.
Tampoco debería rehuir el mal y esforzarse por actuar correctamente
simplemente por la promesa de recompensas externas, como las riquezas. Más
bien, elegirá el bien y evitará el mal debido a un deseo más fundamental de
un bien interno, el anhelo de vivir virtuosamente. Una persona verdaderamente
sabia, cuyos deseos por un bien como la riqueza material están bien
entrenados por las virtudes de la sabiduría (en contraste con las personas
pecadoras de 1.10-19), sabrá buscar la riqueza material correctamente y
comprenderá el lugar que tiene entre otros bienes necesarios para el
florecimiento humano. Para Proverbios, sin el entrenamiento del deseo y el
cultivo de las virtudes de las personas sabias y justas, no se puede asegurar
un bienestar o felicidad genuino.
6. El caso de las causas
Sin embargo, aún si
es correcto el análisis anterior, la retórica de causa y efecto en Proverbios
seguirá sonando a oídos modernos como si directamente prometiera cosas buenas
a los sabios y justos y cosas malas a los malos y tontos. Lo que se necesita,
entonces, es una estrategia que nos permita escuchar y comprender de otra
manera la retórica de acción-consecuencia del libro. Puede ser de ayuda
comprender Proverbios como una especie de filosofía moral pre-moderna
orientada a la virtud, parecida a la de Aristóteles.
Es bien conocida la
historia de cómo la ciencia moderna temprana rechazó la filosofía natural de
Aristóteles. A principios del siglo XVII, Francis Bacon (1561–1626) entre
otros, prohibió la metafísica aristotélica de la empresa científica emergente
en su día. En particular, Bacon rechazó aspectos de la causalidad
aristotélica como incompatibles con los principios y procedimientos de la
ciencia moderna.
Aristóteles habló de
cuatro tipos de causas. Cada actividad tiene:
-
una causa material (o “aquello de lo que” algo
emerge—ej. el bronce del cual se puede modelar una estatua);
-
una causa formal (o una “descripción de lo que
será—ej. la forma de la estatua);
-
una causa eficiente (o “la fuente primaria de cambio
o descanso” —ej. el artista que forma la estatua); y
-
una causa final (el fin o “el motivo por el cual se
hizo”—ej. ornamentación como el fin de una estatua o la salud como el fin de
un instrumento de cirugía).
Para Bacon, había que
desechar las causas formales y finales de Aristóteles. Solo se podría
reconciliar las causas materiales y eficientes con el racionalismo emergente
de la Ilustración (Descartes, 1596-1650) y el empirismo (Bacon), que eran
centrales a la ciencia moderna temprana. En cuanto se refinaba y se hacía
dominante el método científico de Bacon y otros, pronto se concibió una visión
mecánica del funcionamiento del mundo natural, culminando en las leyes de la
física de Isaac Newton. La ciencia natural, por supuesto, con sus marcadas
preocupaciones empiristas, también llegó a ser el modelo para la
investigación “científica” en otros campos, incluso la ética y los estudios
bíblicos.
No nos debe sorprender
que ninguno de los sistemas morales modernos importantes discutidos arriba
—utilitario o deontológico (kantiano o teísta)— puede acomodar el rango de
explicaciones causales presupuesto en una tradición moral-filosófica
pre-moderna como la de Aristóteles, precisamente porque pertenecen a la
modernidad. Sin embargo, dadas las afinidades de Proverbios al discurso moral
orientado a la virtud, es justificable suponer que algo como el rango completo
de los modos de causalidad aristotélico informa el discurso del libro.
Resulta que la presunción tiene bastante valor explicativo. Logra explicar la
retórica de causa y efecto en el libro en una manera en que no pueden hacer
las interpretaciones informadas solo o principalmente por estructuras morales
modernas.
En estos días es raro
encontrar un especialista en sabiduría que entienda la retórica de causa y
efecto en Proverbios de manera mecánica, retributiva o acto-consecuencial. El
rechazo de tal perspectiva absolutista se debe principalmente a simples
observaciones exegéticas: Proverbios mismo nota excepciones a la “regla” de
acto-consecuencia (ej. 13.23; 16.8; 21.6; 28.6). Sin embargo, la noción de un
nexo “acto-consecuencia” todavía informa muchas discusiones sobre la ética en
Proverbios —tanto en contextos eclesiales como en círculos académicos. Pero
cuando se entiende el lenguaje de causa y efecto en Proverbios como la lógica
de la causalidad aristotélica, especialmente la lógica de la causalidad
formal y final, se puede ver cómo es posible superar la interpretación de
Proverbios como un panfleto utilitario y moralmente ambiguo, en que ciertos
“premios” por la rectitud —riqueza y salud— parecen darse casi
automáticamente.
Primero, es importante
recordar que en una antigua comprensión de la moral orientada a las virtudes
como la de Aristóteles “las virtudes son precisamente esas cualidades que
permitirán a un individuo alcanzar la eudemonía y la falta de ellas frustrará”
este movimiento hacia ese telos. Sin embargo, como MacIntyre ha señalado, “esa
descripción es ambigua” porque uno puede de hecho “distinguir entre dos tipos
diferentes de relaciones entre medios y fines”. Con el primer tipo, queremos
decir “que el mundo como asunto de hechos contingentes es ordenado tal que si
se logra un evento o estado o actividad del primer tipo, resultará un evento
o actividad del segundo tipo”. [18] Si tiras una piedra a un estanque de agua,
tendrás una salpicadura. Suena como el pensamiento acto-consecuencia atribuido
a Proverbios y el entendimiento empírico científico de causa y efecto.
También “cabe” dentro de la comprensión material y eficiente de causalidad
aristotélica. La noción no está ausente en Proverbios, pero no es el tipo más
significativo de relación medios-fin para comprender cómo en el libro la
virtud, o el actuar correctamente, es el medio a un buen fin.
Con este primer tipo
de relación medios-fin, como dice MacIntyre, “los medios y el fin pueden ser
caracterizados adecuadamente cada uno sin referencia al otro y se puede
emplear una variedad de medios para lograr el mismo fin”. Por ejemplo, puedo
hacerme rico por ser diligente, como sugiere Proverbios (ej. 10.4; 12.27);
pero también puedo adquirir riqueza al tener suerte con la lotería, o por
robar, o porque mi tío Benjamín me deja una gran herencia. Los medios y los
fines de “hacerme rico” no están vinculados inextricablemente.
Pero hay un segundo
tipo de relación medios-fin que es más apropiado para discernir la naturaleza
de la retórica acto-consecuencia de un discurso moral como Proverbios;
también es más adecuado para comprender cómo una vida virtuosa puede resultar
en la felicidad y el desarrollo. El ejercicio de las virtudes, insiste
MacIntyre, no es “un medio para el fin” de la buena vida, de la misma manera
en que comprar la lotería es una causa (material o eficiente) de hacerme
rico. Es así porque “lo que constituye lo bueno” para una persona es “una
vida humana completa vivida a lo mejor, y el ejercicio de las virtudes es una
parte necesaria y central de tal vida, no un mero ejercicio preparatorio para
lograr tal vida”. [19] Dicho de otra manera,
en la tradición aristotélica que elabora MacIntyre, la felicidad, o una vida
buena y abundante concebida en su totalidad es siempre la causa final
o el fin, de la actividad virtuosa. Un acto virtuoso particular no se debe
concebir simplemente como un medio para lograr algún aspecto de la buena
vida. Si en la retórica de Proverbios se presenta una virtud como la
diligencia como medio a o “causa de” la riqueza material, esa virtud es
simplemente un aspecto de una vida virtuosa más grande, y el “fin” de la
riqueza ya se debe conceptualizar como parte de una noción más amplia de lo
que constituye una vida buena y floreciente.
Puesto de otra manera
y en términos aristotélicos, que para el análisis se puede aplicar a
Proverbios, se debe preguntar no solamente cuáles son las causas materiales y
eficientes de la vida virtuosa. También se debe preguntar por sus causas
formales y finales. Para Proverbios, lo que se podría llamar la causa
material de actos virtuosos —el “aquello de lo que” emerge un acto
virtuoso—es el deseo e inclinación natural de la persona por bienes como la
riqueza y la salud que producen la felicidad. La causa eficiente —“la fuente
primera de cambio”— de la acción virtuosa será, por lo tanto, el agente
humano, la persona que actúa o no virtuosamente.
Sin embargo, mencionar
solo las causas eficientes y materiales de la virtud en Proverbios es una
descripción incompleta de los tipos de causalidad implícitamente trabajados
en el libro. La explicación carece de elaboración en términos de la
causalidad aristotélica formal y final. En estos términos, el grupo más
grande de virtudes que la persona sabia o justa cultiva en Proverbios —lo que
se podría llamar “el perfil de la virtud” del libro— se constituye en la
causa formal (o “cuenta de lo que será”) de acciones virtuosas. La causa
final de la acción virtuosa en Proverbios (“el motivo por el cual se hizo”)
es fundamentalmente “la felicidad”, la eudemonía o la buena vida. Pero una
persona logra este estatus solamente cuando los bienes humanos naturales y
deseables claves —tales como la riqueza, salud, reconocimiento social, etc.—
se adquieren y se ordenan correctamente en la vida por medio de la virtud o la
sabiduría.
Entonces, tanto para
Aristóteles como para Proverbios, la virtud es y no es su propio
premio. Una persona virtuosa puede derivar placer de escoger y hacer una
actividad buena y esto puede ocurrir en la ausencia de otras características
de una vida floreciente. Pero este placer de “actuar virtuosamente de por sí”
no equivale a la eudemonía, ni para Aristóteles ni para Proverbios —aunque
puede que sí para algunos estoicos y quizás los cínicos. Mientras que para
Aristóteles y Proverbios es necesaria una vida virtuosa para llegar a la
eudemonía, no es suficiente para ello; también son necesarios para el
bienestar la comodidad material, la salud y otros bienes, que la acción
virtuosa no puede garantizar. Al mismo tiempo, adquirir cualquier de estos
bienes (o todos juntos) no es suficiente en sí mismo para el florecimiento,
aunque un error fundamental de muchos —tales como “los ricos” (רישע) en Proverbios— es
creer que sí.
De hecho, en
Proverbios, aunque “riqueza” se concibe como un “bien” deseable, la persona
rica casi siempre se retrata de manera negativa moralmente. Si se cree que la
riqueza en Proverbios es premio para la virtud, como suponen muchos lectores
del libro, ¿cómo puede ser que los ricos —que por definición poseen mucha
riqueza— se describen negativamente? Aunque los comentaristas típicamente
consideran la existencia de los “ricos malos” en Proverbios como
“excepciones” a la lógica moral de acto-consecuencia, es mejor entender la
designación “rico” en el libro de manera más sutil y compleja. La existencia
de los ricos (malvados) en Proverbios no se debe entender como una excepción
a un panorama ético de acto-consecuencia, sino como otro tipo de inflexión
del discurso moral del libro. Los ricos en el libro constituyen no solamente
una categoría económica sino también moral. Para Proverbios las personas
sabias y justas, junto con los “ricos” pueden poseer “riqueza” significativa.
Sin embargo, no se caracterizan a los ricos ni como sabios ni como justos;
son agentes morales viciosos, el tipo de persona cuyo estilo de vida, la
persona destinataria del libro debe rehuir. Suelen actuar de manera agresiva,
violenta y manipulativa para su propia ventaja (ej. 18.23; 22.7; 28.11).
Buscan la riqueza por medio de la violencia y a costa de la justicia y
socialidad que Proverbios sabe que es necesario para la felicidad de los
seres humanos. La conducta malvada de los ricos, al igual que los pecadores
en 1.10-19, revela que ellos malentendieron el valor de la riqueza y su lugar
en la constelación de otras cosas buenas —tales como una sociabilidad justa—
que los humanos necesitan para vivir bien.
Todo esto sugiere que
para Proverbios, la ausencia de bienes externos en alguna vida humana
particular no es signo seguro de la falta de virtud de ese individuo; tampoco
la adquisición de bienes externos —como la riqueza de los “ricos”— es
evidencia de la virtud de una persona. De hecho, la tradición de la
sabiduría, tal como su contraparte aristotélica, conoce bien que el justo
puede sufrir todo tipo de pérdidas mientras que el malvado puede “prosperar”
—en el sentido de obtener cosas como riqueza, estatus y poder, que hace
parecer que está floreciendo. En la Biblia, el libro de Job explora esta
dinámica más profundamente. Para una tradición moral orientada a la virtud
como Proverbios, sin embargo, la prosperidad del malvado o la ausencia de
bienes externos en la vida de una persona sabia y justa no es una excepción a
un nexo acto-consecuencia, sino que se explica con una lógica moral
diferente. Es más probablemente evidencia de lo que Nussbaum ha llamado “la
fragilidad de la bondad”, el resultado de la vulneración de la maldad de
otro, de la injusticia por el florecimiento de otro, o sencillamente mala
suerte, el juego del Destino —lo que se podría llamar en idioma bíblico
(Job), la irrupción ocasional e inevitable de las olas del caos en el cosmos
(ver Job 38.8-11), a pesar de la creación y control divino sobre ese cosmos. [20]
Cuando el rango
completo de las antiguas nociones aristotélicas de causalidad se aplican a
Proverbios, se puede ver que la retórica “medios-fin” o acto-consecuencia” en
el libro no es una conexión simple, moderna, de simple causa y efecto. Es una
relación compleja en la cual las dos condiciones se mantienen simultáneamente.
Primero, los actos virtuosos de un individuo y la consecuencia de tales actos
(p.e. un bien que es necesario para la eudemonía) son relacionados
inextricablemente —no se puede lograr esa consecuencia con otros actos.
Segundo, cualquier acto de virtud en particular y su consecuencia se
relacionan necesariamente de tal manera que la mención de uno invoca
una totalidad más grande. Por una parte, cualquier virtud aislada señala el
conjunto completo de las virtudes de la sabiduría necesarias para adquirir y
ordenar correctamente los bienes necesarios para el bienestar. Por otra
parte, cualquier bien particular al cual alude el texto evoca implícitamente
una concepción plena del florecimiento humano o eudemonía, al cual el bien
mencionado contribuye solo parcialmente.
Para Proverbios,
entonces, los tipos de bienes que una vida virtuosa por sí sola no puede
asegurar automáticamente, por ejemplo, bienestar material, salud y estatus,
pero que, sin embargo, son vitales para una vida humana floreciente que la
persona virtuosa se esfuerza por alcanzar viviendo virtuosamente, nuevamente
se puede decir que constituyen los objetos moralmente legítimos del deseo de
un ser humano virtuoso, un ser que está naturalmente inclinado hacia la
eudemonía. Esto es así, incluso si, como hemos visto, el deseo de una persona
virtuosa, y la comprensión y la búsqueda de dichos bienes se instruirán correctamente
mediante el ejercicio de la virtud.
Conclusiones
Se debe reconocer aquí
el lugar importante que da un discurso moral orientado a la virtud a ciertos
bienes humanos como la riqueza para producir el bienestar humano, puede
desconcertar las sensibilidades morales modernas en al menos dos maneras. Por
una parte, algunos pueden reconocer que el pensamiento orientado a la virtud
de Proverbios produce un tipo de paradoja moral: la búsqueda correcta del
bienestar propio específicamente constituye la búsqueda del bien común o el
bienestar de otros. Por supuesto, se puede malentender y manipular tal
perspectiva para justificar, en nombre del bien de otros, la búsqueda egoísta
de la ventaja propia. Sin embargo, cuando se comprende correctamente, se
disuelven los aspectos desconcertantes de la paradoja. Que el tipo de ser
material, racional, espiritual y especialmente social que Proverbios supone
que son los seres humanos, busque el bienestar de otros es de hecho una
manera clave de promover nuestro propio florecimiento. En la lógica moral de
Proverbios, no se pueden justificar los arreglos sociales y económicos que
inhiben a algunas personas a buscar y disfrutar bienes humanos de manera
correcta o virtuosamente con sabiduría, y al mismo tiempo permitir a otros buscarlos
perversamente y sin sabiduría.
Por otra parte, un
discurso moral orientado a la virtud, como los Proverbios, también puede
parecer a algunos que sirve no solo para garantizar con demasiada facilidad
la búsqueda de riqueza, sino que no se preocupa lo suficiente por la
liberación humana. Sin embargo, la importancia de los bienes humanos en la
ética de la virtud se puede afirmar de otra manera y de una manera que tal
vez resuena un poco más con el discurso liberacionista: la carencia de los bienes
materiales significativos y el hecho de no recibir el respeto y la dignidad
que nos es debida por nuestra familia, compañeros o las instituciones,
disminuyen el bienestar físico y psicológico, disminuyendo el bien que
podríamos experimentar en la vida. Las enfermedades, lesiones o
discapacidades graves y crónicas también limitan las posibilidades de ciertos
(no todos) modos de desarrollo. Tales afirmaciones, por supuesto, no
pretenden que los pobres, o los que carecen de estatus social, o los que sufren
de enfermedad sean abyectos, sin acceso a una vida buena y significativa. ¡De
ninguna manera! Simplemente constituyen un reconocimiento franco de que la
pobreza, el padecer la indignidad y el dolor de la enfermedad pueden limitar
las posibilidades de disfrutar ciertas formas de desarrollo humano. De hecho,
aunque Proverbios lleva claros rasgos de sus antiguas concepciones
paternalistas y patriarcales de justicia, también contiene claras
afirmaciones que teológicamente señalan una concepción más robusta del valor
de toda vida humana fundamentada en su estatus como creación divina, no en
ningún estatus socio-económico o físico. (ej. 22.2 y 29.13).
¿Qué percepciones
sugieren estas sugerencias acerca del discurso moral en Proverbios para
pensar sobre el Evangelio de la Prosperidad? En primer lugar, aclaran que no
se puede identificar, de forma simplista, ciertos versículos en Proverbios
como apoyo bíblico al pensamiento moderno de la prosperidad. Pero al mismo
tiempo, sugiere que el Evangelio de la Prosperidad, con su enfoque en “la
riqueza y la salud” como los premios deseables de la fe ferviente en Cristo,
está enfrentándose con una cuestión moral-teológica antigua sobre el papel de
los bienes humanos claves en el desarrollo humano. El pensamiento de la prosperidad,
por ejemplo, reconoce en cierto sentido que lo que los cristianos típicamente
llaman “salvación” no se debe concebir exclusivamente en términos teológicos
y éticos como una promesa post-mortem, una felicidad “ultramundana”. Necesita
incluir una visión de lo que el bienestar humano exige este lado de la
muerte. Es más, para ser justo con lo diverso del fenómeno global del
Evangelio de la Prosperidad, algunas de sus articulaciones sugieren más
claramente que otras que lo que constituye la prosperidad es algo parecido al
florecimiento humano robusto que priorizan los discursos orientados a la
virtud. Como escribió Attanasi, “Las enseñanzas de salud y riqueza definen la
prosperidad como más que el bienestar material; la prosperidad incluye la
salud emocional, física y espiritual” también. “Tales enseñanzas”, además, “a
menudo equiparan la prosperidad con el shalom de Dios”, un término
hebreo que típicamente se traduce como “paz” pero que también implica
“justicia, equidad, gobernanza responsable y actos rectos”. [21]
Sin embargo, a pesar
de los esfuerzos de ciertos partidarios del Evangelio de la Prosperidad de
concebir la prosperidad en términos del florecimiento humano o el shalom
bíblico, quizás la crítica más común de tal movimiento es que “a menudo se resaltan
los aspectos materiales [de la prosperidad] desproporcionadamente”. [22] De hecho, desde el
punto de vista de Proverbios, se podría considerar que el error más serio del
pensamiento teológico de la prosperidad es su concepción de la riqueza y la
salud como “premios” por la fe.
De un lado, plantear
que la salud y la riqueza son “premios” por la fe sobrevalora esos bienes que
los humanos pueden desear legítimamente. El encanto inherente de esos bienes
significa que, cuando son resaltados como recompensa por una acción y
creencia correctas, casi inevitablemente llegan a ser lo que más importa a la
gente. Para Proverbios, como hemos visto, el hecho de que ciertos bienes como
la riqueza material y la salud física contribuyen al shalom o el
bienestar, significa que hay que considerarlos como objetos legítimos
moralmente para el deseo humano. Sin embargo, tales bienes no se deben
considerar principalmente, de manera simplista, como premios de una vida
recta. Más bien, lo que es más esencial para el bienestar humano es una vida
de virtud, porque es solamente por el cultivo de tal sabiduría que los
humanos llegan a entender cómo buscar correctamente tales bienes y comprender
de qué maneras y en qué proporciones contribuyen al florecimiento.
Al otro lado, para un
discurso moral pre-moderno como Proverbios, concebir a bienes como riqueza y
salud como premios por una creencia correcta, pondría en duda el carácter de
la fe de la persona. Aunque la promesa del cielo, u otra cosa deseable,
podría constituir una motivación legítima inicial, la fe sería cuestionable a
menos que llegue a ser motivada internamente por una convicción de la
rectitud y bondad—y por ende deseabilidad—del camino de vida cristiano. Desde
la perspectiva orientada a la virtud de Proverbios, se puede decir que, si la
fe de los adeptos del pensamiento de la prosperidad sigue externamente
motivada, nunca llega a ser propia. Cualquier deseo por los premios externos
de riqueza y salud tiene que ser transformado en un deseo interno por vivir
las virtudes cristianas. Estas virtudes, por supuesto, incluyen amor, gozo,
paz, paciencia, bondad, mansedumbre y control propio, como ilustremente dice
Gálatas 5.22-23. También incluyen una socialidad y justicia orientadas al
bienestar o “amor” del prójimo—¡aún al enemigo! Ninguna de estas virtudes
“cristianas” está lejos de o distinta de las virtudes sociales y otras que
promueve Proverbios. Si el deseo por las cosas buenas que promete el
Evangelio de la Prosperidad no se transforma así, se quedarán en la boca de
muchos la sospecha de los críticos del pensamiento de la prosperidad—que ha
malentendido profundamente las Buenas Nuevas y que está aliado, consciente o
inconscientemente, con fuerzas injustas.
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El Dr. Timothy J. Sandoval es profesor
asociado de Biblia Hebrea en la facultad de Brite Divinity School. Su trabajo
se centra en temas de ética, justicia y pobreza en el mundo bíblico y en la
sociedad moderna.
Correo electrónico: t.sandoval@tcu.edu
Recibido: 5
de agosto de 2019
Aprobado:
18 de setiembre de 2019
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