Vida  y

Pensamiento

Revista Teológica de la Universidad Bíblica Latinoamericana

------------------------------------------------------------------------------------------

Volumen 40 Número 1  -  Enero/Junio 2020  -  San José, Costa Rica  -  ISSN 2215-602X

------------------------------------------------------------------------------------------

Teología Práctica en América Latina y El Caribe:

propuestas, desafíos

------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

Una propuesta teológica de y para la niñez

RUTH VINDAS

 pp. 139-158

------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

Resumen: Se plantea una propuesta de Teología de la Niñez que permita visualizar la misma con carácter de urgencia. En pleno siglo XXI, los niños y niñas de todo el mundo continúan siendo objetos y no los sujetos que Dios crea a su imagen y semejanza. Crear y desarrollar una Teología de la Niñez, puede abrir nuevos espacios de acompañamiento infantil. Los niños y niñas urgen recuperar espacios y buenos tratos, no sólo por parte de sus familias, sino también de las sociedades en las que crecerán y se desarrollarán como personas adultas saludables integralmente. Para lograr ese objetivo, se deberá trabajar con ellos y ellas, para ellos y ellas y por ellos y ellas, una teología de y para la niñez que les permita disfrutar del reino de Dios.

Abstract: A proposal of Theology of Children is suggested that allows viewing them as a matter of urgency. In the 21st century, children around the world continue to be objects and not the subjects that God creates in his image and likeness. Creating and developing a Theology of Children can open new spaces for child accompaniment. Children urge recovery of spaces and good treatment, not only by their families, but also by the societies in which they will grow and develop as fully healthy adults. To achieve this goal, you must work with them, for them and because of them, a theology of and for children that allows them to enjoy the kingdom of God.

Palabras claves: niñez, teología, reino de Dios, propuesta, abrazo.

Key Words: children, theology, Kingdom of God, proposal, hug.

 

 

 


------------------------------------------------------------------------------------------


RUTH VINDAS[1]

Una propuesta teológica de y para la niñez

 

Nacidos de luz, rellenos de armiños,

La gracia de Dios hecha guiños.

Ya blancos, ya negros,

Son libros chiquitos…los niños.

 

Hay muchos tratados en la teología clásica y actual. Sin embargo, se ha dicho, y con toda razón, que la teología sólo se ha ocupado, por muchos siglos, de la sistematización y debates de los grandes temas doctrinales. No es, sino hasta hace poco tiempo, en el siglo XX, que la teología ha inclinado más su oído al desafío de clarificar, cómo estos temas doctrinales responden más asertivamente a las necesidades, preocupaciones y crisis del ser humano en su existencia de la vida diaria. En los estantes de librerías encontramos suficiente material sobre teología de la mujer, teología indígena, teología de la liberación, teología afrocaribeña y otros títulos que tienen mucho que ofrecer a diferentes grupos sociales y es importante saber que se ha avanzado tanto, en el sentido teológico, en cuanto a visibilizar estos grupos de la sociedad, grupos que antes pasaban desapercibidos. Con todo, hay aún facetas de la teología que continúan en un claroscuro y parecieran estar aún lejos de ofrecer un buen amanecer. Nos referimos aquí a la teología de y para la niñez; encontrar material que aborde el tema de teología de la niñez, es casi como encontrar una aguja en un pajar. El presente artículo intentará ofrecer algunos esbozos sobre una propuesta teológica de y para la niñez. Para ello, se seguirá una dinámica de preguntas y algunos intentos de respuesta, ya que, como bien menciona el teólogo y pastor Harold Segura, “Esta es una teología en pañales”.

 

1. ¿Por qué una teología de y para la niñez?

 

Una respuesta sencilla pero muy comprometedora a esta pregunta es: porque se sigue estando en deuda con la niñez de todo el mundo y especialmente de América Latina y el Caribe. En 1989, la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, declaraba la necesidad de que los estados adoptasen todas las medidas necesarias para proteger a los niños. Mucho ha cambiado desde que se dio esta Declaración, sin embargo, esto no indica que todo esté resuelto ya con respecto a lo que a niñez se refiere. Todavía hoy las estadísticas nos dicen que un porcentaje alto de niños y niñas continúan siendo ignorados y en gran desventaja social. Las estadísticas presentadas a continuación fueron tomadas de la página de UNICEF América Latina y el Caribe (= ALC). Según estas estadísticas se tiene que:

 

-     3.6 millones de niños y niñas de 3 a 4 años no tienen un desarrollo temprano adecuado para su edad. Los niños de los hogares más pobres, con madres con menor educación y viviendo en comunidades alejadas, están en mayor riesgo de experimentar retraso en su desarrollo.

-     2.1 millones de personas viven con vihs: que incluye 34.000 niños y niñas menores de 15 años y 77.000 adolescentes entre 10 y 19 años.

-     Más de 8 millones de niños y niñas menores de 14 años tienen alguna discapacidad y están en riesgo de ser excluidos.

-     8.2 millones de niños y niñas, en ALC, fueron afectados por diverso tipo de desastres en 2017.

-     14 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera del sistema educativo.

-     1 de cada 2 niños y niñas menores de 15 años es sometido a castigo corporal en el hogar.

-     6.3 millones de migrantes son menores de 18 años (incluye todo el continente americano). Cada vez hay un número mayor de niños, niñas y adolescentes migrando por su propia cuenta, a menudo, huyendo de la pobreza y la violencia (de todo tipo) en sus hogares y comunidades. (UNICEF 2019)

 

Al observar estas estadísticas, no se puede otra cosa que hacer un alto y reconocer que algo no ha sido tomado en cuenta en los procesos de reflexión teológica. La teología de la liberación ha realizado grandes esfuerzos por develar los rostros olvidados de los diferentes grupos sociales de nuestra América Latina y Caribe: rostros de mujeres, campesinos, pobres, indígenas y de grupos marginados como LGBTI+, VIHS; sin embargo, “aún no ha articulado una propuesta de referencia a lo que podría denominarse el rostro infantil” (Segura, 2006, 40), y continúa el autor haciendo un llamado a reconocer que:

 

Nos parece que queda faltando un rostro de igual valor e importancia, el de las niñas y los niños, como sujetos históricos reales y, por tanto, referentes primordiales del quehacer teológico en América Latina y el Caribe. La voz de “los más pequeños” también tiene timbre. Se podría entonces, comenzar a hablar de una Teología Infantil y, en cuanto a la educación teológica, de la niñez como eje transversal del proceso formativo. (Segura 2006, 41)

 

De modo que, el quehacer teológico está en deuda con los niños, niñas y adolescentes. Este especial y particular grupo social, continúa esperando que esa fuente de agua viva refrescante (Juan 4.10), sea abierta para que ellos y ellas puedan saciar su sed y hambre de justicia. Es necesario entonces, a todas luces, que se trabaje en una teología que reconozca, a nuestro entender, dos cosas: primero que debe ser una teología de la niñez y, en segundo lugar, que sea para la niñez.

 

2. ¿Por qué marcar una diferencia entre de y para?

 

Veamos un poco de gramática, necesaria para efectos de nuestra propuesta. En este caso, al referirse a una teología DE la niñez, se está usando una preposición que indica pertenencia o posesión. Es una afirmación que indica que ya se da por sentado, con este artículo, que la teología debe incluir y partir desde la niñez. Si es de la niñez, más que ser una teología pensada y analizada al estilo adulto, será una teología holística, que se debe pensar y llevar a la práctica desde sus cortas experiencias (experiencias de niños y niñas que en muchos casos son muy negativas), compartir con otros y otras en sencillez, humildad, sin prejuicios, sin sectorizaciones. Una propuesta teológica que surge desde los juegos, rondas, cantos, improvisaciones, cuentos, pinturas, imitaciones, frases sencillas, algarabía y diversión de las cosas simples y por eso es de la niñez.

 

Además de lo anterior, se tiene que esta propuesta trata también de una teología PARA la niñez. Se utiliza aquí otra preposición que indica finalidad. Para efectos del presente trabajo, busca indicar que esta propuesta teológica debe contener como fin y propósito: lograr que la niñez sea tomada en cuenta en todos sus espacios, condiciones, edades, cualidades y habilidades. Frente a esta realidad, surge una nueva pregunta:

 

3. ¿De dónde partir para acercarse a una teología de y para la niñez?

 

Siempre, por donde quiera verse, el mejor punto de partida y continuidad es Jesús. Para ello, vamos a tomar como parámetro el texto de Mc 10.13-16

 

“Cierto día, algunos padres llevaron a sus niños a Jesús para que los tocara y los bendijera, pero los discípulos regañaban a los padres por molestarlo. Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños. Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él. Entonces tomó a los niños en sus brazos y después de poner sus manos sobre la cabeza de ellos, los bendijo”. (Nueva Traducción Viviente)

 

Este texto, junto con los paralelos de Mateo y Lucas, forman la base fundamental para tratar temas de niñez. En la escena se presentan tres claves teológicas que arrojan luces para el desarrollo de esta propuesta.

 

Primera clave: Romper con las realidades opresivas y discriminatorias. “Dejen que los niños vengan a mí”.

 

En el contexto judío y de la sociedad en general del momento, la niñez era uno de los grupos más marginados. Generalmente su vida estaba en riesgo por diferentes razones:

“Eran siempre los primeros en sufrir las consecuencias del hambre, la guerra y la enfermedad, y en algunas zonas o épocas pocos alcanzaban la edad adulta con ambos progenitores vivos…los niños eran los miembros de la sociedad más débiles y vulnerables. (Malina y Rohrbaugh 2020, 367)

Al leer el texto entre líneas, se puede observar tres reacciones o actitudes de Jesús como respuesta frente a lo inesperado. Sensibilidad: muy conocedor de esta realidad, Jesús fue sensible a las necesidades que presentaban estos niños y niñas que estaban siendo traídos a él. Fue sensible a la necesidad de esperanza de quienes le traían sus hijos en búsqueda de una solución que alargara la vida de sus hijos e hijas, (Mena 2019, 214). Hay que aclarar aquí que el acto de Jesús no iba solo en la línea de asegurarles larga vida a estos niños y niñas, sino que, en contrastaste con una cultura excluyente, Jesús los tomó en cuenta, los miró, los tocó y se preocupó por ellos y ellas. Es muy probable que Jesús también fuese sensible frente a estos niños y niñas porque le traían el recuerdo de cuando su propia vida de niño se vio amenazada (Mt 2.13ss).  Posiblemente, aquella escena de niños acercándose a él, le conmovió al recordar que sus padres habían cuidado de él cuando en aquel momento, tantos niños de corta edad encontraron la muerte. No es posible precisar con detalle la experiencia interna de Jesús frente a esas madres (tomando en cuenta que, en la cultura, eran las madres las que se ocupaban del cuidado y educación temprana de los niños y niñas) y sus hijos, pero algunas o todas esas razones pudieron haberse dado, sobre todo cuando se observa, desde los relatos de los evangelios, la profunda preocupación especialmente por los más vulnerables.

 

La situación cobró, frente a Jesús, carácter de urgencia. La cultura y la sociedad ofrecían una oportunidad de vida mínima, pero Jesús tenía claro que el propósito de Dios es otro “vida plena y abundante” (Jn 10.10) en medio de contextos de abandono y muerte. Jesús vio la oportunidad de sembrar en el corazón y la vida de aquellos niños y niñas, una semilla diferente, la semilla de la fe y la esperanza, la semilla de una nueva concepción del amor misericordioso y gratuito de Dios. Esta era una situación que no podía seguir esperando. Esta niñez, y sus madres también, necesitaban con urgencia de una propuesta diferente. Aquellas mujeres campesinas llevaban temerosas sus hijos a Jesús para que los tocara (Malina y Rohrbaugh 2002, 188), como un gesto de aceptación y entrega a Dios para el cuidado de las vidas de sus hijos.

 

Una tercera reacción de Jesús fue el detalle gráfico del abrazo. Jesús iba camino a Jerusalén. En su marcha, mucha gente se le acercaba con diferentes intenciones. Algunos para tentarle, otros para recibir algún favor de sanidad, o para evacuar dudas personales como el caso del joven que se le acercó para pregunta acerca del reino de Dios. A los niños Jesús no les dio respuestas, ellos no preguntaron nada, sólo se acercaron. Jesús estaba en la casa, posiblemente dispuesto a descansar. Pero cuando llegaron los niños Jesús se tomó el tiempo. Aunque la idea de ir a Jerusalén sería razón más que suficiente para querer soledad y tranquilidad, para Jesús eso no fue excusa para dejar de mirar y tomar posición a la escena que se presentaba frente a sus ojos. Muchas caritas infantiles sucias, sonrientes, con ojos de atisbo y esperanza, ansiosas como los rostros de los niños y niñas cuando presienten que algo bueno, muy bueno está por venir. No había prisa, el tiempo se detuvo y Jesús se sentó. En un sentar activo, Jesús se dio a los niños y niñas que sin pensarlo le rodearon. Ahí vinieron los abrazos, las risas, las famosas historias contadas por Jesús, el llanto de algún niño cansado que encontró descanso en su regazo, quizás algunos empujones entre niños y niñas para ser los primeros y más cercanos, tal vez Jesús llamando a aquel niño que por su timidez o por miedo se quedó escondido detrás del vestido de su madre; pero todos y todas experimentaron “el abrazo de Jesús –que- expresa una dimensión profunda de la ternura en perspectiva teológica”. (Mena 2019, 215).

 

Es posible incluso, atreverse a pensar que aquellos abrazos no solo fueron un regalo de Jesús para los niños y las niñas, sino también un regalo de los niños y las niñas hacia Jesús. Mientras que los discípulos intentaron negarles un espacio, Jesús, no sólo les abrió ese espacio, sino que, además, estuvo en total apertura de recibir de ellos compañía en un tiempo difícil para él. Recordemos que estaba próxima la celebración de la Pascua y lo que eso implicaba para Jesús.

 

Segunda clave: Clarificar los sujetos teológicos. “De los tales es el reino de Dios”

 

El texto presenta a los niños y niñas como los sujetos teológicos de este momento. Anteriormente se mencionó una lista de rostros que la teología ha hecho visibles y se continúa en ese proceso de esclarecerlos cada vez más. También se ha observado que el rostro de la niñez, aún permanece en un claroscuro bastante nublado. Este texto permite ver que, para Jesús, los niños y las niñas eran especialmente sujetos de su práctica teológica.

 

Es muy interesante cuando se leen otros textos en los que Jesús se refiere al reino de Dios. En realidad, ese es tema central en su mensaje. La puesta en marcha de este reino por parte de Jesús, es como el indicativo “de una gran revolución en la historia de la salvación” (Ridderbos 1991, 1160). Y qué más revolución que poner como sujetos directos del reino de Dios a unos niños y niñas insignificantes e improductivos para la sociedad. Pero es ahí, en ese escenario, donde Jesús les hace poseedores de vida digna y necesaria y, les devuelve un derecho que les había sido arrebatado.

 

Cuando Jesús se encontró con los niños, ocurrió una reacción interesante. Es probable que estos niños ya conocían a Jesús, el narrador de historias. Pero se observa un contraste entre los niños y niñas y las personas adultas presentes. Para la niñez, el encuentro con este Jesús, del que todo el mundo hablaba, resultó ser un encuentro de juego, una sonrisa, una palabra de amistad, un regazo donde recostarse, un gesto que dignificaba y valoraba a aquellas personitas marginadas por la sociedad. Se sabe muy bien, por la psicología y la pedagogía, el grado de sensibilidad que tienen los niños y niñas y la capacidad de percibir y reaccionar a los buenos o malos tratos. Ellos encontraron en Jesús ese buen trato que su entorno no les proveía. No ocurrió así con las personas adultas. La reacción de los discípulos sólo reflejaba lo que era común en el contexto. Los niños no debían interferir en asuntos de grandes:

 

La cuestión es que “honor” y “gloria” se refieren a la misma realidad, es decir, al reconocimiento público de la propia dignidad o valor social… el honor adquirido, es el resultado de la habilidad que uno tenga en el interminable juego de desafío- respuesta. No sólo hay que luchar por conseguirlo; debe hacerse en público, pues toda la comunidad tiene que ser testigo de su adquisición” (Malina y Rohrbaugh 2002, 404)

 

Por eso, los discípulos, atentos a los lineamientos sociales, se dieron prisa para “mantener el orden”. Ellos no podían permitir que, por unos chiquillos inquietos, el honor de Jesús fuese cuestionado. Sin embargo, Jesús como buen defensor de la vida y en oposición de los parámetros sociales exclusivistas, no hizo otra cosa que desafiarlos y con mucha contundencia.

 

Tercera clave: Disposición para recibir, aceptar y realizar los cambios necesarios. “Si no se hacen como niños no entran al reino de Dios”

 

Según la cultura, la tradición y la sociedad, los discípulos tenían razón. Primero porque los niños eran torpes, bulliciosos, muy pequeños para mezclarse en asuntos de grandes. Segundo, porque se interponían en el avance del trabajo de Jesús. Tercero, como discípulos eran responsables de asegurar el bienestar de su maestro. Pensaban que el mensaje de Jesús era un asunto de adultos. Pero, para Jesús, el reino de Dios no encajaba en nada de esto. Su propuesta era otra.

 

La propuesta de Jesús no sólo fue en favor de los niños y niñas, sino que se observa una clara intención de dar nuevamente una enseñanza a sus discípulos. Jesús les hizo ver que, aunque eran sus amigos, fieles servidores y seguidores, no habían entendido la centralidad del reino. Quienes urgen de un nuevo aprendizaje propio del reino de Dios, son las personas adultas. No se puede ser parte del reino de Dios siguiendo parámetros incongruentes con el amor y la justicia

 

El reino de Dios no es una realidad que se adquiere por las propias fuerzas; es un don que se recibe con la sencillez y el agradecimiento de un niño. De ahí que la grandeza en el reino de los cielos, presente y futura, consista en cambiar y hacerse como niños; y esto requiere una auténtica y profunda conversión. (Segura 2006, 46)

 

Los discípulos, tan esmerados por la seguridad de Jesús, se vieron desafiados a aprender. Se trataba de ir un paso más allá para ser parte del reino de Dios. Debían recibir la propuesta de Jesús tal cual él la planteaba, aceptar que debían volver a la sencillez y a la humildad y que los mejores maestros para lograrlo, serían los niños y las niñas que ellos pretendían excluir. Eso significó para ellos, un encuentro con el desconcierto, la indignación, la segregación y el rechazo. Sus parámetros para mirar a Jesús eran otros, estaban a otro nivel, el nivel equivocado, por debajo de los parámetros de Jesús y en ese nivel pretendían enseñar a sus hijos, los hijos de la comunidad. Por eso Jesús les dijo que, si no eran como los niños, no podrían entrar en el reino de Dios. En la propuesta teológica de Jesús, no hay cabida para otra cosa que no promueva la vida y en especial la vida de los niños y las niñas.  Todo este proceso debía ser acompañado por una práctica bañada por el gozo y la algarabía de los pequeños. Los niños y las niñas se hicieron así, portadores de una nueva propuesta teológica revolucionaria (Cussiánovich, 2019) del reino de Dios.

 

4. ¿Cómo trabajar hoy una teología de y para la niñez?

 

Como parte de esta propuesta teológica, resulta recomendable dejar al menos dos propuestas iniciales para el desarrollo de una teología de y para la niñez. La primera propuesta va en torno a la percepción de Dios en una relación asertiva de los niños y niñas con Él. Para ello, la propuesta sugiere el tema de las imágenes de Dios. Como segunda propuesta, se plantea el juego como propuesta teológico- pedagógica, porque como dice Alvez “Un cuerpo que juega, merece vivir eternamente”. (Alvez 1982, 143)

 

4.1 Imágenes de Dios

 

Y Dios se reveló al ser humano… su revelación, no fue la de su imagen/rostro propiamente dicha. Lo que reveló Dios fue su amor, su gracia y su misericordia; lo hizo de muchas maneras y también a través de Jesús. “Jesús no era simplemente un hombre como cualquier otro, sino Dios entre los hombres (sic), moviéndolos siempre a una admiración maravillada con sus palabras y sus obras”. (Barclay 2006, 199) Fue en esa humanidad plena y sencilla en la que Jesús mostró a Dios. Tal acto de revelación de Dios no fue exclusivo para unos cuantos bien letrados o con grandes poderes económicos, políticos y sociales. Dios se reveló a quienes más debilidad y necesidad tenían, se mostró a quienes no sabían tanto o nada de las Sagradas Escrituras (Lc 10.21). Dios se presentó y se reveló en medio de la sencillez y la humildad y Jesús, con su práctica de vida, fue el espejo que lo reflejó y lo dio a conocer.

 

Es necesario entonces revisar cómo se puede ver las imágenes de Dios en el entorno que nos rodea. En los textos bíblicos se encuentran un sin número de imágenes de Dios, sin embargo, no se profundizarán en este artículo, solamente se hará mención de algunas de ellas: Dios padre y madre (Dt 32.10-11), Dios que es ternura y amor (Jr 31.10), Dios que acompaña siempre (Salmo 23.4). Dios como una sabia que juega y se divierte (Prov.8) Dios confidente (Jr 33.3), Dios que sacia de hambre y sed, Dios de los y las pobres, Dios que consuela (Lc 6.20-21), Dios que ama (Juan 3. 16).

 

Algunos aportes de la psicología señalan que la mayoría de los conceptos y comportamientos que se manejan en la adultez, acerca del mundo y de la vida en general, son producto de las experiencias y del aprendizaje adquirido durante los primeros años de vida (Bleger 1994). No es diferente en cuanto a la forma como se reciben, se aprenden y se interiorizan las diferentes imágenes sobre Dios; éstas son el resultado de la relación con las personas adultas que acompañan durante la niñez y que en muchos casos pueden no ser las más deseables y asertivas. Betty Constance afirma que:

 

La expresión de afecto en la vida del niño [y la niña], o la ausencia del mismo, establece la forma cómo ha de comprender y recibir el amor de Dios. Si recibe de los adultos un amor incondicional, calurosamente demostrado y coherente en su expresión, le será más fácil comprender el amor incondicional de Dios. (Constance 2004, 16)

 

Edwin Mora profundiza más sobre el tema cuando menciona que:

 

Estas imágenes tempranas, fundamentales en las relaciones familiares, pueden verse o no reforzadas con las ideas que posteriormente la persona desarrolle en el proceso de socialización…Si las imágenes que la persona construyó en su proceso de socialización son distorsionadas como las sadomasoquistas, se hace necesario el diálogo sobre las mismas y el acompañamiento pastoral para que la persona vivencie al Dios revelado en Jesús. Si las imágenes sobre Dios son constructivas, afirmativas y basadas en una relación de confianza y de esperanza, entonces el soporte dinamizará dicha relación. (Mora 2002, 166)

 

Podemos afirmar entonces que las imágenes que se tienen de Dios, dependen de los ojos que lo miran y de las experiencias vividas desde la infancia. Por eso se requiere de una teología de la niñez, porque es a través de nuevas opciones, nuevas miradas y nuevas experiencias de vida, que se les abre un camino, una nueva visión de Dios. Los niños y niñas tienen mucho que decir y experimentar acerca de Dios, desde su lenguaje infantil. Pero más que un lenguaje hablado, los niños y niñas hablan con sus gestos, sus cantos, sus ideas y descubrimientos de su mundo, a través de sus juegos espontáneos y de sus preguntas geniales y opiniones y formas de ver su entorno. “Estas hablas provocan una diferencia”. (Alvez 1982, 11)

 

Los niños y las niñas poseen mucha espontaneidad, no tienen limitaciones para experimentar la vida y sus encantos. Para ellos y ellas el tiempo no es importante el espacio, ni los protocolos, ni los comportamientos. Es en esa espontaneidad infantil, sin prisa, donde se descubre la presencia de Dios. Es en sus pequeñas páginas de vida que se van escribiendo, poco a poco, las experiencias que darán forma a su vida presente y futura.  Esa es, sin duda la teología de la niñez, me atrevo a decir que, una teología mucho más avanzada que la practicada por muchas personas adultas, a quienes se les olvidó cómo hacer teología con corazón infantil.

 

Son las personas adultas las encargadas de cumplir con la labor del cuidado de la niñez mientras esta aprende. Todo parece indicar que se ha fallado en esta empresa. Son las personas adultas las que se han olvidado de la esencia misma de la vida. Como personas adultas han perdido la práctica de la buena vida, de mantener una constante y asertiva una relación con Dios, consigo mismo, con los demás y con el entorno. Se perdió así toda capacidad y don para acompañar a la niñez. Por eso, hoy es necesario recuperar a la niñez en riesgo que ha caído en las manos equivocadas. Ese es hoy el gran desafío de quienes estén en disposición de tejer una teología de la niñez. Por eso el estilo de vida de Jesús y su propuesta, deben ser retomados y evaluados para que desde ahí se pueda hacer las correcciones necesarias para ir poco a poco erradicando de la vida de los niños y niñas las experiencias de agresión y violencia por acciones de vida.

 

4.2 El juego como pauta teológico- pedagógica

 

Se presenta el juego como otra pauta teológico-pedagógica ya que éste es parte esencial en la vida de niños y niñas. Ellos viven en un juego permanente y qué mejor oportunidad que partir de algo tan cercano y práctico. Se puede decir que el juego es la expresión más elevada del desarrollo en el niño y la niña, pues sólo el juego constituye la expresión libre de lo que contiene su alma. (Tückler 1999)

 

Todo juego tiene un propósito. Con los niños y niñas, estos juegos pueden ser tiempos y espacios que se aprovechen para hacer teología a su nivel. El juego permite un buen modelaje de los valores del reino de Dios.

 

Cada vez que un niño [niña] juega, construye un espacio imaginario en el cual ensaya destrezas y capacidades que no están dentro de las inmediatas, pero que utilizará a futuro… a través del juego, el niño (niña) intenta, imagina, fantasea, adopta, combina, crea… se dan valores tales como la disciplina, el respeto por los otros, espíritu de cooperación, de lucha, de esfuerzo y superación que se practican al momento de jugar. (DellʼOrdine 2005, 1)

 

Por medio del juego se puede trabajar desde diferentes áreas. Su uso puede ser para entender, observar, evaluar y discriminar muchos de las situaciones que viven los niños y las niñas y que a través del juego pueden detectarse. Esa es una oportunidad libre y cercana para experimentar a Dios en sus vidas. Pero no se trata sólo de jugar por el solo hecho de divertirse y pasar un buen rato. Es aprovechar esos espacios de juego para lograr otros objetivos, como, por ejemplo:

 

Jugar con las dificultades es una forma natural, amena y propia del lenguaje e intereses infantiles, de superar aquello que no nos deja avanzar. Recordemos que, entre muchas otras características, en el juego podemos encontrar ejercicio de la libertad; ensayo de lo posible y lo inédito, oportunidad de liberar sus más personales potencialidades. (DellʼOrdine 2005, 7)

 

Hay que regresar a las estadísticas antes mencionadas. Muchos niños y niñas hoy viven situaciones represivas y/o agresiones que les priva de sentirse libres y valorados/as. Están en urgencia de ser tomados en cuenta, no sólo como una estadística más, sino como personas del reino de Dios. El juego como propuesta puede ayudar a proponer actitudes y gestos que permitan modelar, al igual que Jesús, una apertura de los niños y las niñas al reino de Dios, que les pertenece de por sí. 

 

Conclusiones

 

Como teólogos y teólogas estamos lejos aún de lograr mejores propuestas para una teología de y para la niñez. Hoy, al igual que en los tiempos de Jesús, más que acercarlos, los estamos alejando del reino de Dios. Se les aleja cuando se les agrede, se les ignora, se les arrancan sus derechos. Cuando su hambre, su dolor y su frío, no nos inmuta, no nos dice nada, los estamos alejando del reino de Dios. Por eso de Jesús aprendemos, más que a memorizar, a mirar los textos bíblicos hacerse realidad en los rostros de los niños y niñas. Es necesario aprender a vivirlos como los viven ellos cuando les son enseñados asertivamente. Solo así habrá un espacio en ese reino de Dios. Solo cuando seamos capaces de lograr eso, podremos decir que el reino de Dios ha llegado.

 

Se requiere con urgencia, ternura hacia la niñez. Es necesario actuar con sensibilidad, prestancia y humildad para entender, proponer y practicar una teología que dignifique a la niñez. Muchos niños y niñas hoy enfrentan situaciones difíciles, pero aún conservan la esperanza de encontrar en el camino, hombres, mujeres que les brinden la oportunidad de ser niños y niñas del reino de Dios.

 

Que se necesita una teología de y para los niños y las niñas, es una gran verdad. Se necesita con urgencia una teología que se ocupe y se preocupe por ellos. Cabe seguir preguntándonos entonces:

 

-     ¿Qué desafíos teológicos nos deja el ejemplo de Jesús presentado en el texto que se abordó en este artículo?

 

-     ¿Cómo hablar a la niñez de un Dios de amor y vida, cuando sus vidas están constantemente en riesgo?

 

-     ¿Qué resultado se esperaría de una teología práctica de y para la niñez?

 

El reino de Dios es para los que son como niños y niñas ¿Qué es entrar como niños y niñas en el reino de Dios hoy?

 

Bibliografía

Alvez, Rubem. 1982. La teología como juego. Buenos Aires: Ediciones La Aurora.

 

Barclaly, William. 2006. Comentario al Nuevo Testamento. Barcelona: Editorial CLIE.

 

Begler, José. 1984. Simbiosis y ambigüedad. Buenos Aires: Paidós.

 

Constance, Betty. 2004. La formación espiritual del niño. Buenos Aires: Publicaciones Alianza.

 

DellʼOrdine, José Luis. “El juego como Recurso Didáctico”. Acceso el 20 de marzo, 2020 En www.alipso.com˃monografías˃juegos_didácticos (1)

 

Douglas, JD y Hillyer, N. 1991. Directores. Nuevo Diccionario Bíblico. Primera edición en castellano. Illinois USA: Downers Grove.

 

Grellert, Ana y Harold Segura. 2019. Ternura: La revolución pendiente. Barcelona: España. Editorial CLIE.

 

Malina, Bruce y, Richard L Rohrbaugh. 2002. Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales. Navarra: Verbo Divino.

 

Maza, Marina. 2016. “Las preposiciones en español: Lista para estudiar”. Acceso el 19/03/2020 En www.unprofesor.com.

 

Mena, Francisco. 2019. “Más allá de la ternura: El abrazo, el mover las entrañas   y el amor al prójimo en el Segundo Testamento”. En Grellert y Segura 2019.

 

Mora, Edwin. 2002. “Pautas para un soporte espiritual asertivo para personas con enfermedad crónica dolorosa, no curable aún y/o terminal”. Tesis de Maestría: Universidad Bíblica Latinoamericana.

 

Ridderbos. H.N 1991. “Reino de Dios, Reino de los Cielos”. En Duglas y Hillyer 1991.

 

Segura, Harold. 2006. “Un niño los pastoreará” Niñez, Teología y Misión. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

 

Tückler, Graciela. 1999. Literatura para niños preescolares. San José: UNED.

 

UNICEF América Latina y el Caribe. Acceso el 18 de marzo 2020. En unicef.org/lac/

 

• • •

 

Ruth Vindas, costarricense, Licenciada en Ciencias Teológicas de la Universidad Bíblica Latinoamericana. Docente de Teología Práctica en el área de Educación Cristiana en esta misma institución.

 

Correo electrónico: r.vindas@ubl.ac.cr

Artículo recibido: 07 de mayo de 2020

Artículo aprobado: 27 de mayo de 2020

 

 

 

 

 



[1] Ruth Vindas, costarricense, Licenciada en Ciencias Teológicas de la Universidad Bíblica Latinoamericana. Docente de Teología Práctica en el área de Educación Cristiana en esta misma institución.